lunes, 24 de julio de 2017

Kaili Blues

Un doctor y poeta llamado Chen Shen (un muy competente Yongzhong Chen) tiene un hermano apodado Cara de loco que gusta de las apuestas, el billar y la vida bohemia y descuida a su hijo pequeño, el inocente y sensible Weiwei. Chen quiere proteger a su sobrino con quien se identifica. Chen ha tenido una vida difícil, estuvo en la cárcel por matar a un hombre, su madre lo abandonó de niño y perdió a su mujer en la cárcel. Weiwei es supuestamente vendido a algún apostador y Chen decide ir en busca de su sobrino. Para eso realiza un viaje de su natal Kaili a Zhenyuan, pero antes atraviesa un pueblo místico y misterioso de nombre Dangmai. En ese trayecto el director chino Bi Gan hace una toma secuencia de 41 minutos de duración, con una planificación y soltura realmente virtuosa, el recorrido implica viajar en moto, en camioneta, caminar, subir escaleras, encontrarse con gente, la cámara siguiendo a otra gente, ver atravesar un río en lancha a una bella mujer, que el protagonista sea parte de un pequeño concierto local e ir a una peluquería.

Bi Gan le brinda a su película un bello y muy cuidado aire onírico, bastante sutil en la manera que lo mezcla con la realidad del filme, desde ver pasar un tren pegado a una pared, ver relojes dibujados en la pared (relojes que apasionan a Weiwei y este suele pintarse uno en el brazo) u observar en repetidas ocasiones sumergirse en el río las sandalias de la añorada madre de Chen. El filme en Dangmai pasa por flexibilizar los tiempos y reunir gente del pasado y del futuro en el presente. Todo el filme puede leerse linealmente, pero sería perderse de la genialidad del filme. Chen lleva como encargo de su compañera –una anciana- del consultorio médico, una camisa floreada y un cassette a un viejo amor. Chen se pone la camisa floreada y entrega el cassette a la peluquera, en lugar del destinatario que le pidió la veterana doctora. Esta escena puede leerse como una visión del pasado, Chen y la peluquera mutan momentáneamente en la anciana doctora y su amor perdido. Otro momento similar se da cuando Chen habla con la peluquera y esta parece ser otra imagen del pasado, ser su mujer Zhang Xi. Por último el motorista que lo lleva le dice llamarse Weiwei, tiene unos 18 años, sufre maltrato y gusta de los relojes imaginarios.

Escuchamos la voz de Chen recitando sugerentes poemas que poetizan su discurrir, mientras el Sutra del diamante recorre toda la propuesta, el budismo, la reflexión existencial, el misticismo. El filme esconde los problemas y la melancolía en el carácter recio, práctico y sencillo de su protagonista, como el blues que articula preciso el título. También el filme hace alusión a la etnia Miao, a la que pertenece Bi Gan, y trae a colación más sobrevivencias. Kaili Blues ganó mejor director emergente en la sección Cineastas del presente en el festival de Locarno 2015, y hace recordar directores talentosos tales como Jia Zhangke, Wong Kar-wai y Hou Hsiao-Hsien, entre trenes, relojes, lo rural y violencia –pero elíptica o fuera de campo, incluso en una discusión la cámara se enfoca en el vaso roto de una mesa-. 

jueves, 20 de julio de 2017

Okja

Okja, la película del surcoreano Bong Joon-ho, llega para marcar una nueva época, como otra forma para apreciar y fomentar el séptimo arte, producida y estrenada por Netflix. Okja es un blockbuster pero también cine de autor, llamémosle cine comercial inteligente. El filme nos muestra a un animal mutado científicamente que es un supercerdo, pero que parece la mezcla de un hipopótamo y un tierno perro. Okja se llama el animal que es cuidado en la granja surcoreana del abuelo de una niña llamada Mija (Ahn Seo-hyun), niña que se encariñará con Okja al cuidarla y crecer con ella, por lo que cuando se da cuenta que Okja será llevada a un matadero para ser convertida en alimento decide ir a traerla sana y salva a su hogar.

La primera hora del filme que es un viaje, desde que Mija se rebela con convicción a su abuelo, típico granjero (consciente del destino de los animales de granja), hasta que un grupo de animalistas quedan en un plan para sabotear la empresa que vende los supercerdos como alimentos es intensa, graciosa y muy entretenida, realmente maravillosa. Todo es perfecto, el periplo de Mija está lleno de la mejor acción, que termina en tremenda ironía escénica tras una mala traducción. La hora que viene después es menor, pero todo no va a ser una montaña rusa, hay una historia por crear y es muy aceptable lo que continua. Se abren las puertas de la (leve) fantasía de la mano de Okja que luce dulce y creíble.

En la propuesta se da la caricaturización de personajes, en el que es un filme notoriamente familiar en el estilo de Steven Spielberg, con Lucy Mirando y su hermana gemela (dos personajes interpretados por la camaleónica y orgullosa freak Tilda Swinton), dueñas de la empresa de los supercerdos, la Corporación Mirando; el presentador de tv y zoólogo Johnny Wilcox (un Jake Gyllenhaal entregado a los retos artísticos) que es estrafalario, alevosamente ridículo y el más extremo (y no me disgusta en absoluto, como a muchos sí); y en menor grado Shirley Henderson como una asistenta fiel a la Corporación Mirando. Ellos son la cara de lo malvado, sumado el sarcasmo del rol de Giancarlo Esposito en un reparto que aporta mucha diversidad en el que es un filme muy cosmopolita.

Lucy no es que sea mala persona pero anhela demasiado el éxito propio y publicita el embellecimiento de lo que finalmente significa sacrificio de animales (lo que no suena descabellado, un concurso de belleza/salud para premiar el mejor supercerdo, y la futura mejor carne, solo que aquí conviven en el mismo lugar). El Dr. Johnny es más un hipócrita y lambiscón, pero nacido de la caricatura japonesa y la comedia. Otros puntales del filme es el activista por los animales Jay (Paul Dano) y su mano derecha y experto en tecnología conocido solo como K (Steven Yeun). Paul Dano es un buen actor y se presta para un compromiso entre serio, teatral e irónico, igual que los animalistas que representa. Bong Joon-ho maneja mucho humor, pero nunca falla, lo cual es increíble, lo digo sobre todo porque no soy muy afín a la comedia y esta es una buena película, que maneja con soltura, frescura y tino el tema.

Okja es también un llamado a la consciencia para no comer carne y la forma en que se trata a muchos animales, llegamos a ver hasta el proceso de cómo son asesinados en los mataderos y cómo son procesados en comida, esto no es visualmente violento, pero hace pensar, aun cuando los supercerdos son una creación de la imaginación, son sintéticos, pero provistos de mucha mayor ternura y lealtad que los animales de granja comunes. Recordemos que Okja salva a Mija de morir con lo cual vemos en pleno el vínculo entre los dos. Bong Joon-ho maneja muy bien el tono del filme, y los cambios de drama a comedia y viceversa. En un momento Okja hace pensar como que se halla en un campo de concentración, preparada para ir a morir de la forma más fría con sus semejantes. Es un momento lúgubre y emocional que rompe con el colorido del filme. El mensaje es muy claro, pero el filme extremadamente divertido de ver, fácil de seguir, de compenetrarse y hasta para reflexionar.

lunes, 17 de julio de 2017

Sieranevada

The Death of Mr. Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, 2005), el segundo largometraje de Cristi Puiu, es un referente importante del cine rumano, película con la cual muchos se enamoraron del nuevo cine rumano, por lo que seguir la carrera de Puiu es prácticamente un imperativo. Su quinto largometraje, Sieranevada, estuvo en el festival de Cannes 2016. Nos involucra con la misa por conmemoración de la muerte del patriarca de una familia, para dicha misa se reúne toda la extensa familia para una cena. Con muchos parientes medio irreconocibles se dan las típicas reuniones familiares, con los clásicos fastidios y sorpresas. Una mujer mayor lamenta la infidelidad de su marido hasta caer rendida por un aneurisma. Una jovencita lleva a una amiga inconsciente por alcohol o drogas. Son 3 horas de película, 3 horas también de mucha intrascendencia, desde un mismo lugar, la casa familiar. A ratos la cámara se posa en un lugar estratégico y muestra 2 habitaciones a la vez, la entrada y salida de los parientes, mucho movimiento y cierta tensión de la reunión, es la sensación de estar viendo algo pequeño, pero trascendental en nuestra humanidad, como el viejo marido abusivo que ve su mundo caer producto de la culpa. También hay lugar para preocuparse por hacer una comida suculenta, juguetear amorosamente entre hermanos o discutir el precio de un regalo.

La llegada del sacerdote ortodoxo rompe la monotonía, el padre terminado de practicar su rito, de lo más veraz, no puede contenerse de contar una anécdota, habla de la lucha personal por los valores eternos y mantener ciertas tradiciones. El momento emotivo de reflexión termina, y Puiu le quita solemnidad con un diálogo al paso que apunta a decir que no entendió de dónde vino aquello, creando un contraste de libertad e individualidad. La familia discute de varios temas, aunque mucho sobre ridiculeces que pretenden pasar por cotidianas. El atentado terrorista a EE.UU. del 11 de setiembre se repite a cada rato, pero sobre conspiraciones y justificaciones absurdas, esto remite a banalizar internet también. Otra característica del filme es mostrar lo moderno vs lo tradicional, en cómo uno trata de subsistir frente al otro. El cosmopolitismo siempre es interesante en todo país, pero aquí se presenta endeble, como ese arranque del filme en que se discute seriamente sobre las princesas Disney. Esto, desde luego, desde una contextualización a Rumania. Europa es atacada también por terroristas y los niños sean de donde sean aman y se identifican con Disney. Pero en un filme rumano uno quiere oír de Rumania, ver en una nacionalidad reconocer y fomentar lo propio. Por ello cuando una anciana tía pegada a la antigua defiende al régimen comunista, que remite al infaltable Nicolae Ceausescu, se hace muy jugoso de ver, aun cuando esta defensa a todas luces cae antipática a todo mundo, pero es una perspectiva fundamental de la realidad nacional.

El filme abre con Lary (Mimi Branescu), su bella y sofisticada esposa y su pequeña y tranquila hija haciendo compras o diligencias en la calle antes de ir a la reunión familiar. Impecable naturalidad de este pequeño prólogo de cotidianidad. La propuesta que en la trama dura 1 día de congregación implica más de 2 horas de metraje en un solo espacio, el hogar del patriarca difunto, y solo unos 30 minutos afuera -una vez más, tras los 10 minutos de la apertura- cuando Lary va a recoger a su intensa esposa que ha salido un rato de la reunión. El momento que se da afuera es penoso y humillante, más que sensible, Lary se desmorona ante un mal momento de vergüenza y autoconsciencia. Esta escena seguramente agradará a muchos, es como la vida misma, no hay duda, pero resulta trágica, la vida mostrándose cruel, que ver a un tipo simple aplastado por las circunstancias, culpas aparte, llega a fastidiar. El momento contiene una anécdota de infancia –y amor paterno y de pareja- que trasmite una gloriosa naturalidad, clásica del mejor cine rumano, pero su emotividad duele y es incomoda que (me) cuesta celebrarla, pero es la gran escena del filme. 

martes, 11 de julio de 2017

La Terquedad

Adaptación de la séptima obra de la Heptalogia de Hyeronymus Bosch del dramaturgo, director de teatro y actor argentino Rafael Spregelburd, que se basa en la pintura La mesa de los pecados capitales, de El Bosco, conocido también como Hyeronymus Bosch, que trata del pecado de la ira, pero que en la obra de Spregelburd le llama terquedad, presentada en el Centro Cultural de la Universidad del Pacifico, dirigida por Sergio Llusera. La terquedad es una obra compleja digamos, pero llega hasta lo extraño y se pierde un poco y uno con ella también. Pierde fuerza producto de su dispersión y de su tontería, genera un poco de desinterés en cierto momento ante el mandato de querer ser distinta o ardua, que es original e inteligente no hay duda, pero no es necesario tampoco encerrarse en un tipo. Hay ratos que su disque ironía o audacia es estúpida, como el personaje de la francesa loca que genera tremendo giro, un absurdo más que una genialidad. En el cine se ven muchas historias que se vuelcan a lo descabellado o violento en el último minuto como fórmula e impacto en busca del supuesto entusiasmo, como que hay historias que trabajan para llegar a estos momentos. La terquedad más bien pierde seriedad y volumen con esta “hazaña”.

Una posible razón –fuera de quebrar con cierta predictibilidad- puede ser que el protagonista, Jaume Planc (Alberto Isola), un comisario fascista que inventa un diccionario o lengua que remite a las computadoras e incluso a lo místico contradice su anhelo humanista -de poder entendernos mejor y todos fácilmente- con la subordinación a lo que será el franquismo (la obra se contextualiza en el final de la guerra civil española, en 1939), entonces es un tipo propio de lo malo/negativo y criticado (el gobierno de Franco, incluida en la trama la búsqueda de una lista por la que todos se pelean, para poder salvar comunistas “encubiertos”), por lo que muchos pensaran que merece un castigo, lo cual no es un pensamiento ilógico, pero el problema es que este comisario llega hasta caer simpático, y es medio un arroz chaufa, pero no merece un final tan superficial. Se le ha plasmado complejidad, se ha pretendido ambigüedad, que la tiene y es un personaje interesante. También Planc no parece muy fiel a los falangistas, sino que se le entiende como un lugar conveniente para él.

La obra tiene muchas idas y venidas, tires y aflojes, varias aventuras, con cosmopolitismo, en medio de lo político que fabula su pequeña guerra civil interna, mientras maneja a la vez la lingüística de forma inteligente y hasta con relajo. El hogar de Planc y sus relaciones amorosas toman igualmente bastante enredo y perspectivas. Jely Reátegui como la hija “loca” es la mejor del reparto (como polifacética haciendo de la esposa joven de Planc), agregando que son 7 actores competentes (Óscar Meza, Rodrigo Palacios, Sofía Rocha, David Carrillo, Claret Quea, Alberto Isola y Jely Reátegui). El rol de Reátegui tiene de exorcismo y de fraude, de locura o trauma, de sarcasmo, de perversidad y a su vez de inocencia. El juego del cura con la hija “loca” va uno a favor y en contra, puede ser una crítica esperable, pero la hija es un personaje rico, después de Jaume Planc. Su intensidad, herejía y lujuria son (aun) audaces.

La obra de Spregelburd busca las contradicciones y la ambigüedad, trabaja con la ética, lo esencial, rompiendo los límites, exhibiéndonos impredecibles. Y esto es interesante más allá de tener o no una apetitosa narrativa en todo momento, o la mejor forma de narrarlo. Tiene originalidad e imaginación, tiene personalidad y es inteligente, aunque también uno sienta que algunos personajes, momentos o diálogos parecieran sobrar, como el borracho o el escribidor. 

lunes, 10 de julio de 2017

Spider-Man: Homecoming

Estamos frente a un nuevo reboot de Spider-Man, tras el desastre The Amazing Spider-Man 2 (2014), de Marc Webb, que empezó bien con The Amazing Spider-Man (2012), y lo mismo pasó con la trilogía de Sam Raimi, las 2 primeras fueron muy buenas y aun son las mejores de todas las que se han hecho de Spider-Man, pero la tercera fue una caída. Este nuevo reboot es un muy buen filme, a pesar de algunas cosas criticables. Incluso es mejor que la primera de Webb, tiene mucho de juvenil y de última generación, más que la de Webb lo cual es notable. En el filme de Jon Watts se llega hasta futurizar y jugar a H. G. Wells y Julio Verne, a tratar mucho con el sci-fi, observamos la naturalización de armas, aviones y artefactos de gran imaginación futurista, como que el traje de Spider-Man, inventado por Tony Stark (Robert Downey Jr., que tiene una buena fórmula en su seguridad, vanidad y carisma), es de una tecnología fantástica, con todos los implementos clásicos de El Hombre Araña y muchos nuevos, que se equipara con la plasticidad y eterna novedad, puede que más, de Iron Man, teniendo en cuenta que Tony Stark es el mentor de Spider-Man en esta historia, aunque Spider-Man buscará plasmar su personalidad, y si bien reniega de la simplicidad de sus primeras misiones, quiere mayores retos y aventuras, y admira y quiere emular a los Avengers, terminará quedándose en su pequeño rincón, que también tiene sus grandes misiones.

El reto de Spider-Man en esta oportunidad se llama The Vulture (El Buitre), interpretado por un estupendo Michael Keaton, que dentro de su grupo criminal tiene otro villano famoso del cómic, Shocker (y no es solo uno, sino son dos, en el cuerpo de Logan Marshall-Green y Bokeem Woodbine), que esta medio encubierto en el estilo del realismo que impuso Christopher Nolan en sus adaptaciones de cómics, estilo que tiene una cuota pero que no domina el filme, porque es estilo Marvel, con mucha ironía y relajo, más el de Stan Lee, con la temática adolescente y pequeño existencial, más la capacidad mental de ¡6 guionistas!, incluido el director. El buitre de Keaton está dibujado entre asesino en serie y gángster, medio loco y matón, al hallarse decepcionado del sistema, y se siente empujado a delinquir, a ver por sí mismo y su familia mediante la venta ilegal de armas. Tiene una gran escena, en la que lleva a Peter Parker en el auto, que es rara e incómoda y sale un poco del parámetro del cómic, recurriendo al cine noir.

Los combates, desde luego, son espectaculares, pero lo menos interesante a fin de cuentas (si no fuera así seríamos todos fans de la saga de los Transformers con los  impresionantes efectos especiales que posee), porque uno quiere hallar sobre todo argumentos, como cuando The Vulture no quiere irse sin ninguna ganancia y ciego arriesga su vida o cuando Peter Parker trata de ser un superhéroe más allá de la máscara al caer bajo escombros y superar también su calidad de novato en cada aventura, pero son escenas entretenidas además. En medio está la frescura que trasmite Tom Holland como el nuevo Spider-Man que es maravillosa, y se ve en cada hazaña, vuelo o llamado del deber, que tiene broma, novedad y mucha libertad. El filme se logra emocionante, intenso y de sorpresa en sorpresa en sus escenas centrales, en el caso del caos que se genera en el monumento a Washington y en el ferry de Staten Island.

El filme muy inteligente evita volver a contar por enésima vez como se convierte Peter Parker en Spider-Man, mientras la trama es original en que siga, se enliste, se adiestre y medio que lo cree Tony Stark, junto a su mano derecha en el asunto, Happy (Jon Favreau), aunque lo de tía May (Marisa Tomei) y tío Ben sea demasiado pobre o inexistente. Tomei es parte de un quehacer idiota de extrema atracción, sumado a la clásica sobreprotección, no obstante es coherente con la línea de crear un Spider-Man efervescente, ultra moderno y veloz.

El filme tiene su lado de autoayuda, aunque no en el nivel de la muy aplaudida –demasiado, diría- pero respetable Wonder Woman (2017). Plantea mucho la diversidad, puede que hasta exagere un poco, como con el bully del cómic Flash Thompson que ahora hace Tony Revolori, que tampoco resulta mal hecho, a pesar de que luce algo extraño al uso, ya que finalmente tiene veracidad porque pertenece al mundo nerd de Peter Parker. Pero están muy bien trabajados los amigos y la aspiración amorosa de Peter Parker, tienen una base sólida. Son divertidos, como el mejor amigo de Peter, Ned (Jacob Batalon), o manejan bien el sarcasmo, como Michelle (Zendaya), o son cool y maduros como la deseada Liz (la bella Laura Harrier). 

viernes, 7 de julio de 2017

Atlal

El pequeño pueblo de Oulad Allal, Argelia, en 1997 producto del brutal choque entre militares y terroristas fue destruido en gran parte, esto dentro de la guerra civil argelina que fue presa del terrorismo desde 1991 hasta el 2002 y ocasionó 200 mil muertes, guerra civil nacida a partir del golpe de estado a una facción política islamista que no llegó a gobernar y que desencadenó en la furia de dos grupos rebeldes armados islámicos. Este es el contexto de Atlal -que en árabe significa ruinas- del argelino Djamel Kerkar, del que no se dan nombres, ni de organizaciones, y que hay que conocer para no perderse en lo que veremos. En este documental incluso se les apoda de cowboys a los terroristas por no mencionar nombre alguno o está más que sobrentendido, a los que se les culpa de todo el daño de su país. Al gobierno actual le cae crítica también, por su inutilidad en cuanto a las oportunidades y progreso de sus ciudadanos, la falta de resurgimiento nacional, y la pobreza que reina en Argelia y en especial en Oulad Allal.

La propuesta empieza mostrando viejas imágenes rodadas en VHS que describen la ruina y la destrucción de Oulad Allal, pueblo del que se conoce internacionalmente muy poco. El filme en sí entrevista centralmente a 2 personas, a un viejo agricultor lisiado de una pierna que combatió por su propia seguridad contra los terroristas que amenazaban sus labores agrarias, y a un joven de 20 años que es medio poeta y que habla mucho, no se guarda ningún pensamiento. Con ellos aparecen otros a su alrededor, amigos o conocidos de ellos, del viejo otros agricultores o por ahí algún hombre religioso, y del joven amigos con los que callejea, filosofa y rapea –se puede oír rap nacional muy realista, duro y con una pizca de ironía, aun haciendo a veces alusión respetuosa a Dios- alrededor de una fogata, sobre la realidad nacional, la pobreza, las carencias, la soledad, y no queda más que huir del país nos dicen, a la par que fuman, toman y se entretienen entre ellos.

Se habla de la crueldad experimentada en la guerra civil, de defender el país, incluso de los colonizadores europeos. Otro joven del grupo de la fogata que pareciera algo lento se muestra creativo expresándose a través de las letras de las canciones que pone en su celular, ante la música se pierde en su mente, entristece recordando a su familia o vuelve en sí sonriente cuando se queda pegado con la mirada en el graffiti de un muro, de las iniciales de un glorioso equipo de fútbol nacional, MCA (Mouloudia Club d'Alger).

Es un documental interesante, que tiene mucho de queja, pero también su lado positivo, y aunque austero tiene alguna estética como la sombra y toma distante del joven central, un joven cool e intelectual –el caballo en pos de libertad- aludiendo la luna y la respiración. Vemos también a los pobladores de Oulad Allal sembrando, retomando la civilización o muy simples reconstruyendo alguna parte de su pueblo, como en la sencillez muy simbólica de enrejar (levantar) una ventana. Parafraseando al viejo agricultor: soy pobre, pero orgulloso de amar y haber defendido a mi país, mi cuerpo esta lastimado y gastado, pero mi corazón es fuerte y feliz. 

La Soledad

A la muerte de la dueña de una casona, la bisabuela del director de este filme, del venezolano Jorge Thielen Armand, queda cuidándola una criada de toda la vida, Rosina (María Agamez Palomino), ella con el tiempo lleva a muchos parientes a vivir al lugar, esto no ocasiona conflicto entre clases como uno pudiera pensar (sobre todo teniendo un gobierno de corte socialista). El director Thielen Armand muestra más bien buenas relaciones, entre los dueños que medio que abandonan la casa y los empleados que toman posesión ante su ausencia, pero aun la famila Thielen la visita y tienen la potestad, como que un día uno de los herederos de la casona –que es un simple reparador de cosas particular y vendedor de lo que saca de la casa- le dice al hijo de Rosina, el negro, como le llaman a José (José Dolores López), un muchacho que ha sido amigo de infancia del director, que van a demoler la casa para vender el terreno. José acepta la decisión sin pelear, igual que Rosina, pero no saben qué van a hacer, a donde ir.

El negro vive con su esposa y su hija pequeña también en la casona, él trabaja ocasionalmente en lo que puede, no tienen dinero, su familia es pobre, y la casona además está muy vieja y descuidada, pero de pronto José cree que en la casona puede haber escondido un tesoro de morocotas, unas monedas que circularon oficialmente en Venezuela. Este argumento prácticamente sale de la nada, pero aun así resulta coherente ante la situación apretada que vive el protagonista y su abuela Rosina. José en su búsqueda -un poco- desesperada se topa con una pequeña atmosfera surrealista, un antiguo pariente o quizá un esclavo histórico del lugar como un ángel lo cubre bajo un aura de protección y anima su fe, también se cruza con un caballo blanco, que puede significar la liberación del protagonista, el negro abraza al equino como rendido ante este anhelo.

El filme involucra lo social y político de la realidad actual de Venezuela, vemos incluso largas colas para obtener productos alimenticios básicos o la dificultad de hallar medicinas primordiales como para la presión alta. La vida en la casona puede ser leída como la simbología de cómo está hoy Venezuela, sumida –su población- en la precariedad y en la carencia, en la falta de sostenibilidad, a la vera de la riqueza intempestiva – las morocotas son una metáfora del petróleo venezolano y del gobierno socialista- que de un plan –del gobierno- serio y bien ejecutado. Pero el filme es leve en todo ello y es mejor así, prefiere dejarlo como trasfondo o lectura complementaria y se articula más como una ficción, con su propia individualidad y originalidad, siendo en gran parte real, la historia de la familia y los recuerdos de infancia del joven director.

Los protagonistas se representan a ellos mismos, no son actores profesionales, pero son muy competentes, no son presa de los estereotipos, sino personas de carne y hueso, incluso están más allá de ser limitados a las clases sociales. José exuda personalidad –con sus pesas y poleas caseras, tatuajes, trabajos manuales, preocupaciones nocturnas y sueños, por eso que verlo flotar en el agua, emparentado con el recuerdo del director, sea muy significativo, por encima de ser un recurso muy conocido- y a la vez autenticidad y naturalidad –como su esposa, con la que se ve un gran vínculo, exento de exageraciones- sin ser tampoco un descollar de creatividad, como somos al fin y al cabo la mayoría. 

miércoles, 5 de julio de 2017

Antonio uno dos tres

La construcción de este filme, la estructura, es muy interesante y además lograda. Utiliza unas pocas líneas de una historia, se basa ligera y libremente en Noches blancas, novela de Fiódor Dostoyevski, y está expuesta como la vida ordinaria y contemporánea de Lisboa, Portugal. Esas pocas líneas generan variaciones pequeñas, el filme del brasileño Leonardo Mouramateus vuelve a contar la misma historia, como que juega a las opciones hasta hallar la mejor o la más romántica, a armar los pedazos enseñando diferentes imágenes, otros ángulos o la misma escena pero lo que antes no vimos. Como eje tenemos a Débora (Deborah Viegas), una turista brasileña en Portugal que vivió en Rusia y ya regresa a su país; al protagonista, a Antonio (Mauro Soares) que exuda calor y simpatía; a la vecina y cómplice de Antonio, Teresa; al padre de Antonio; a un amigo gay y extravagante actor; y a la ex novia sofisticada de Antonio.

La trama se mueve alrededor de la existencia sencilla de Antonio en Portugal, director de una obra de teatro como de su vida, típica de cualquier muchacho. La preparación de la obra teatral hace de metaficción y en ella vemos a  Antonio y sus pequeñas aventuras artísticas con sus amigos en Lisboa. El filme tiene 2 conflictos centrales, qué hacer de la vida de uno y nuestra vida sentimental. Las variaciones, los personajes repetidos dentro de la obra de teatro y el filme dividido en tres etapas narrativas, la carta delatora, ir a buscar donde quedarse y el retorno al hogar paterno tienen una edición sublime, lo cual es lo mejor del filme. La mezcla de lo ordinario, la metaficción y una adaptación literaria recuerda al cine del argentino Matías Piñeiro, pero bajo la propia personalidad, tiene mayor sencillez argumental pero lo compensa con una edición mucho más compleja, muy plástica, tal si tuvieras un cubo de rubik entre las manos, y aun así es una propuesta amable, clara y fluida. 

The Road Movie

El presente documental found footage o de metraje encontrado, del director ruso Dmitrii Kalashnikov, recurre a las Dashcams, una pequeña cámara de parabrisas o de tablero de carro, las que están muy difundidas en su país, como medio de que el ciudadano común pueda filmar alguna posible extorsión policial o deslindar culpabilidad por un accidente automovilístico. El joven director Kalashnikov (1986) recopila cantidad de estas filmaciones y muestra el espectáculo en ellas. El documental como conjunto tiene mucha vitalidad, frescura, intensidad y simpatía, distribuye muy bien las distintas posibilidades o sucesos.

No solo ves accidentes impresionantes, que sería lo esperado (como peleas en la calle por desavenencias de conducción), tiene una variedad decente, como ver un tremendo despliegue de seguridad policial contra un vehículo particular con dashcam, una despistada echando gasolina e incendiando su auto, una chica a la que un taxista le roba la maleta de la manera más tonta, o un tipo con problemas mentales trepándose de pronto a un capó, en fin, un montón de situaciones que hacen muy entretenido este documental, donde a veces esperas que pase algo y no pasa nada, o lo que es más recurrente, pasa algo espectacular.

El filme expresa matices, puede ser algo pequeño, muy sencillo, algo mediano y seco, o algo sorprendente. No faltan los choques poderosos, par con alguna tormenta, o accidentes que se sienten muy próximos, como terminar escuchando el dolor de unas personas tras un impacto. El filme también muestra su cuota de humor sin perder tampoco la cabeza, no obstante tratamos con entretenimiento puro y duro, y aunque no se trata de ningún estudio social de Rusia funciona en general, vemos brutos, indiferentes, pendencieros, otros dispuestos a ayudar inmediatamente o hasta preocupados por los animales; personas inocentes, despiertas o lentas; juerga, insensatez y ocurrencia.

Este documental no es nada extraordinario como séptimo arte, es una idea de lo más común, pero tiene una selección, edición y composición que hablan de un director que sabe aprovechar el found footage, aunque no se trate de un uso vanguardista o experimental de la técnica, pero que maneja decentemente la rutina de la concepción formal, otorgando timing, un balance expresivo o picos de entusiasmo, dentro de la exhibición breve, y aunque se presta mucho para lo abrupto -y especial de alguna forma- también tiene ratos de suspenso, simplicidad, tontería o risa llana, y además hay poco relleno.

sábado, 1 de julio de 2017

Stories Our Cinema Did (Not) Tell

La directora brasileña Fernanda Pessoa nos muestra lo que fue un tipo de cine que se hacía mayoritariamente en los 70s, llamado pornochanchada, un cine popular y erótico oriundo de su país, mezcla de comedia ligera y soft porn, que acompañó a la dictadura militar que duraría 21 años a partir de 1964, y que ambas desaparecieron en los 80s.

Fernanda Pessoa no niega el lugar de la pornochanchada, la señala como parte de la historia del séptimo arte brasileño y por tanto no se le puede invisibilizar. La pornochanchada era reflejo de la influencia de su época –la libertad sexual- y a su vez del poder –la dictadura-, aunque más tarde su liberalidad narrativa y argumental terminó adaptándose también a un tiempo que invocaba cambio político y mayor libertad. Pero la pornochachada luce a la vez impresentable, vulgar, en su mayoría, y el documental escoge ser cine experimental, mediante el uso de la técnica del found footage o metraje encontrado, donde la directora le brinda una lectura personal, salida de su edición, fragmentación y yuxtaposición, viendo que la vanguardia en el filme viene a ser la ironía que impone la directora sobre todo el material recopilado –cerca de una treintena de películas-, sobre lo que transmitía y significaba la pornochanchada. Nada de esto es espectacular si conocemos medianamente el cine porno, donde, como sabemos, la argumentación suele ser ridícula y absurda, pero verlo como el cine bandera de una época es como para pensar en un estudio sociológico, no obstante este documental no pretende tanto. Pero el filme deja una buena idea de lo que es la pornochanchada y es cuestión de pensar por uno mismo para ir más lejos.

El análisis visual de Fernanda se dedica a ironizar y entretener con este cine que no escatimaba vergüenza alguna en lo que exhibía, lo cual podía llegar hasta lo impensable. En el documental vemos que promulgaban violencia, salvajismo, corrupción, sordidez y suma banalidad, a través de mensajes directos hacia el pueblo brasileño. Uno de ellos muy marcado es el excesivo apego al dinero por sobre la moral, como ver que a las mujeres se les insta a prostituirse por el fin –el dinero- justifica los medios. Estos filmes como se aprecia en este documental se lo tomaban en parte en serio, no todo era comedia ni el humor justifica todo.

Lo político y lo social es la parte recriminable, la parte erótica puede ser anecdótica (pone a uno frente al mandato de la excitación ciega y absoluta, tal cual el cine porno), aunque resulta algo trágico si lo tenemos como expresión central de cine. No hay casi nada salvable argumentalmente (según lo seleccionado), que no sea reírse de lo extremo, disfrutar de alguna hermosa anatomía o de alguna calentura, pero como expresa la directora, es parte de su historia y merece un lugar, de esto que ironizar sea en parte algo que cae natural, aunque también amerita un estudio sociológico.

El filme no explica nada, sino que las imágenes hablan por sí mismas, mediante la repetición de lugares. El documental no enseña mucho los desnudos o las escenas de sexo, no va por ahí, no va por lo fácil, aunque sea un documental sencillo. Se enfoca más en el halo de impresentables de estos filmes y de no poder creer en parte lo que fueron o donde estuvieron, como solía decir el genial Jack Palance en su programa de tv., aunque usted no lo crea, de Ripley.  

Spectres Are Haunting Europe

El documental de los griegos Maria Kourkouta y Niki Giannari nos hace ver que remite a las bases de Europa, a las de una vida digna, igualitaria y libre, y a la fraternidad entre los seres humanos, el filme retrata las luchas de toda persona. Para el caso se trata de refugiados venidos de oriente medio que yacen varados en Idomeni, pequeño pueblo griego fronterizo, que colinda con la República de Macedonia. Grecia no permite que avancen, pero les brinda ayuda humanitaria, provisiones (comida, ropa, carpas), y esto genera agradecimiento y enojo dependiendo de que parte de los refugiados.

El título del filme hace referencia a la introducción del Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, pero la película es más un llamado humanista que político, aunque sí hay confrontación de posiciones políticas, que se aprecian sencillas, espontáneas y no muy extensas entre algunos refugiados, pensemos que están estancados esperando sin hacer prácticamente nada. El filme tampoco exhibe demasiado estas quejas y opiniones que suelen contraponer entre ellos. Pero escuchándolos más cala la palabra de los refugiados que alegan ser profesionales, de que no se trata de salvajes ni gente a temer, sino que tienen muchas semejanzas con los europeos, como que la religión musulmana quede en segundo plano o se escuche poco de ella de lo que se suele acostumbrar e identificar. Se oye decir que un mal elemento no significa toda una familia, deslindando generalizaciones.

El filme se puede dividir en tres partes. Primero es un filme exigente, pero también a un punto emotivo, con la cámara estática –cargando sentido expresivo- ubicada en algún lugar clave. Vemos muchas veces solo el andar de la cintura para abajo o las piernas de los refugiados moviéndose sobre el lodo y los charcos que ha dejado la constante lluvia. El filme enseña especialmente esos zapatos sucios y bastante gastados que portan, el largo recorrido que han llevado y el que tienen que sobrellevar aun. Luego de aclimatarnos y sensibilizarnos a la realidad que expone la propuesta y temática, la gran dificultad por la que pasan estas personas, en la segunda parte los escuchamos haciendo algunas arengas y discutiendo, es el momento político, han bloqueado las vías del tren ante la negativa de que puedan pasar la frontera. En la tercera parte la imagen cambia a blanco y negro y surge una reflexión humanista, y una poética además, escrita por Niki Giannari, y expuesta mediante una voz femenina en off que llama a la aceptación e identificación con los refugiados, es un llamado a la consciencia de los europeos, mientras tanto vemos gente manifestando alegría y simplicidad a la cámara, como muchos niños jugando en muy austeras condiciones.