martes, 17 de octubre de 2017

Your name (Kimi no na wa)

Your name (2016) es una película muy popular, un éxito histórico de taquilla en Japón, dirigida por Makoto Shinkai, y tiene los mejores elementos cinematográficos de su cine, mística, una historia de amor, superstición, folclore nipón y ciencia ficción. El filme arranca algo complicado de entender; una chica se toca los senos y grita, su nombre es Mitsuha y vive con su abuela y su hermana menor. Esto a la media hora de metraje se explicará directamente. Mitsuha se aburre en su pequeño pueblo, Itomori, y cómo que pide un deseo, quiere ser un chico guapo viviendo en Tokio y, sin más, eso es lo que presenciamos. Ella se mete en el cuerpo de Taki, y Taki en el de Mitsuha, de esto los gritos, al descubrir Taki que de la nada es una mujer; y viceversa, Mitsuha se sonroja al descubrir el órgano masculino. Esto se ha visto muchas veces en el cine, aunque siempre es divertido, pero lo que agrega al filme en esta parte es que el genial Shinkai tiene un sentido del humor fino y gusta de la tradición japonesa.

Your name tiene mucho de la mística y las creencias populares de su país, a cada gran suceso se le asigna un nombre y argumentación nipón, pero la superficie siempre es amable y simpática, y fácil vernos todos retratados, Shinkai maneja una buena universalización sin perder la identidad, hace una buena combinación, un buen cine comercial con autoría. El filme versa en su primera parte sobre el intercambio físico entre Taki y Mitsuha, ella sobre todo es beneficiosa para la vida de Taki que es un poco retraído aunque buen muchacho. En su trabajo hay una beldad que a todos aturde, y es cuando el invisible Taki muestra un lado femenino, sensible (cuando Mitsuha es él), que la enamora, pero en el trayecto el verdadero amor surgirá, ese que no ve sólo aspecto físico, sino lo que llena la personalidad, actitud, espontaneidad, nobleza, alegría, inteligencia y el desarrollo de virtudes. Como demuestra su filmografía Shinkai sabe movilizar muy bien los afectos, hacerlos próximos y empáticos, y entregarnos una bella historia romántica, dentro de un aire relajado y con cierto humor.

En la segunda parte surge la ciencia ficción, cuando Taki de pronto se pregunta por Mitsuha, y empieza una nueva historia, y viajamos en el tiempo, 3 años adelante y vamos atrás, un cometa amenaza con destruir una parte de Itomori y matar a mucha gente. Empieza la aventura, y se mezcla con la tradición, lo místico y legendario. Interviene uno de los primeros sakes de Japón, que es bastante curioso, se fermenta a base de saliva humana, se llama kuchikamisake. La abuela también agrega historias, y hace mención de que en su familia siempre han existido esos sueños raros que tiene Mitsuha (cambiar de cuerpo). Entra a tallar el musubi, que quiere decir conexión, y es sentirse unido a varias cosas de forma trascendental, esto incluye el amor, la muerte, la religión, la cultura. Después tenemos el kakuriyo, que es el ultramundo y el trasmundo, el portal en la tierra hacia donde descansan los muertos. Idéntico a quien prepara una deliciosa cena, todo se mezcla y se reúne en otra dimensión, como en un limbo. Para ello Shinkai maneja sin ciertos preámbulos los tiempos y sucesos, le da ritmo y vertiginosidad a su historia, sorpresa, novedad, originalidad.

En medio yace siempre la relación de amor, apelando al romance por circunstancias especiales y fantásticas de aferrarse a no olvidar el nombre del amor tras entregarse a la aventura reconstitutiva del ser amado. La ciencia ficción y el folclore danzan de la mano. La tercera parte son estados de ánimo, sensibilidad, rodeos y melancolía, vuelve a manipularse el tiempo y de forma veloz pero coherente. Si en la primera parte se impone el humor, en la última es puro romance y poesía, aunque tampoco muy distendida. Ya no se puede vivir sin algo que no se sabe que es, pero abarca toda nuestra existencia.

La segunda parte es la verdadera imaginación y sustancia del filme, pero se complementa bien todo el conjunto, la primera parte genera el vínculo, finalmente una forma curiosa de profundizar en alguien (que incluye bastante respeto por el otro género), meterse literalmente en su piel, en su mundo, sin grandilocuencia, todo de lo más sencillo y general (como cuando Mitsuha lamenta no tener cafés en Itomori, sólo una máquina). También el desastre se dibuja con arte (no es lineal, la ciencia ficción en ello da mucho juego), hay más de una recreación de lo mismo, posibilidades, una notable construcción hasta armar la figura y termine el clímax, el armagedón en varios sentidos. 

sábado, 14 de octubre de 2017

Lover for a day (L'amant d'un jour)

Una jovencita, Jeanne (Esther Garrel, hija del director), pelea con su enamorado, rompe su relación, y se va de su apartamento, sin no tener a donde ir va donde su padre, Gilles (Éric Caravaca) que vive con una muchacha, Ariane (Louise Chevillotte). Mientras Jeanne detesta la vida y se haya muy desolada sin el hombre que ama, Ariane ve la vida con mucha libertad y promiscuidad, engaña a Gilles con amantes de un día, como indica el título. El director Philippe Garrel se mueve como pez en el agua en las complejidades de las relaciones amorosas, la temática de sus películas. Suele ser muy relajado en su exposición; Gilles es profesor de filosofía pero sus respuestas son muy sencillas, como el filme.

Hay un manejo interesante de cómo nos relacionamos, de cómo se presentan distintas miradas y cómo éstas se complican cuando se interrelacionan, producto de que las personas están en diferentes momentos en sus vidas. Gilles quiere una relación seria y antes ha sido liberal con las mujeres, les ha sido infiel, y puede que le toque como karma ahora sufrir lo que antes fue e hizo él. Ariane está en una etapa de no limitar su ánimo sexual, si quiere algo lo busca, pero tiene una relación formal, sólo que cree que no debería afectarse por su decisión de acostarse por sexo a la vez con otros. Ariane quiere las dos cosas, y aunque está consciente de que no es viable, igual lo practica, lo cree normal, pero, claro, lo guarda en secreto.

Hay dos líneas narrativas en el filme, dos lugares de profundización de las relaciones amorosas. En la otra, Jeanne ama con locura a un único hombre y éste sin mayor importancia la ha echado de su hogar. Jeanne valora mucho lo que tenía, aunque en un inicio fue dura con su amor. Ella está tan deprimida que llama a su reciente ex pareja y no habla en el teléfono, espera un especie de milagro de reconciliación, que el hombre recapacite. Garrel no nos dice exactamente a qué se debe la ruptura, pero se entiende que en muchos los afectos son volubles, un día quieres y otro no, o te hartas de aquella persona sin que haya algo grave de por medio, es así de simple y a la vez insoportable el existir, como se ve en Jeanne, que aunque luce una mujer hermosa en muchas capas y leal sufre por desamor.

Como unión narrativa de los casos está la relación de Jeanne y su padre, y ambos argumentos se relacionan, hablan entre sí, pasando porque el tema central es la fidelidad y el amor entregado. Es un filme en blanco y negro, muy cálido y amable, entretenido, como son los filmes de Philippe Garrel, que ausculta y piensa sin ínfulas sino como una persona como uno, una que genera empatía, su sabiduría viene de ese lugar, de identificar y hablar como muchos; pero sin ser demasiado conservador ve en la madurez de las personas. Existe un compromiso. Esto puede sonar algo contrario al uso, cuando la liberalidad y permisividad impera en los discursos, pero se entienden sus argumentos. Jeanne es ese catalizador, porque a pesar de que ama a su padre no delata a Ariane en su sensualidad con otros ni con los desnudos, y es que al querer a Ariane, Garrel también quiere a la liberalidad, pero son etapas y consentimientos. 

El seductor (The Beguiled)

Contextualizada en la guerra civil americana, un soldado del norte es encontrado por una niña del sur, ella pertenece a una escuela de señoritas, que está casi vacía, y al verlo herido de una pierna el puñado de mujeres de la escuela deciden curarlo primero antes de entregarlo, pero terminan resguardándolo. La escuela la dirige Miss Martha (Nicole Kidman) y sólo le queda una profesora, algo tímida, Edwina (Kirsten Dunst); con ellas hay 5 alumnas, la que más se hará notar es la que interpreta Elle Fanning.

El filme de Sofia Coppola se basa en la novela de Thomas P. Cullinan y el guion también ha corrido a su cargo; otro filme que también adapta la misma novela es el de Don Siegel del año 1971, es bueno traerlo a colación porque viendo las 2 películas uno puede apreciar la diferencia entre hacer una película osada, ambigua e inteligente y otra sosa, naif y cuidadosa. El seductor (2017), de Sofia Coppola, está bien, tiene oficio, es muy limpio y entretiene, pero por lo mismo le falta audacia, riesgo, es bastante bonito. O sea, es demasiado plano y austero como narrativa, aunque estéticamente impecable.

El filme de Don Siegel se prestaba para varias interpretaciones, era ambiguo con muchos de sus protagonistas; tanto el cabo McBurney (Clint Eastwood) como Miss Martha (Geraldine Page) tenían de corruptos, uno sexualmente y por violencia, la otra por incesto. Pero tienen también un lado simpático o noble aun así. El McBurney de Siegel es muy racional y normal, imperfecto; Coppola añade muy buenos diálogos eso sí, las conversaciones entre su cabo McBurney (Colin Farrell) y su Miss Martha son muy cáusticos y jugosos.

En el filme de Siegel hay más aventuras y suspenso también, incluso el final muy parecido entre ambos en la película de 1971 tiene un matiz macabro, cruel e irónico, en la de Coppola es sólo un hecho, un momento muerto. La personificación de la chiquilla sensual que hace Fanning tampoco presenta mucha vida o matices, la que hace en cambio Jo Ann Harris tiene de rebelde, de pícara y de malvada. El problema es cómo expone Coppola los momentos, muy simples, muy limpios, hasta rápidos, y se ve que está todo muy calculado y embellecido, pero carece de existencia, de mayor espontaneidad, luce muy artificial. La cara de Geraldine Page está como nerviosa, igual la profesora Edwina que hace Elizabeth Hartman, están algo sudadas; Hartman es un poco unidimensional en su performance, es una mujer retraída y apocada, desconfía de los hombres como ella misma dice, pero más tarde con los sucesos que trae el vínculo con el avispado personaje de Eastwood toma vuelo, se vuelve más abierta a otras realidades, la humillación, el perdón, enfrenta los puntos flacos del mundo.

Lo que hace Dunst como Edwina está escogido al mínimo, no trata de ser tan lenta y temerosa como el personaje de Hartmann, lo cual está bien, pero no aporta casi nada en su lugar, salvo una escena sexual muy bien trabajada, muy lógica, y ese es otro problema en el filme de Sofía Coppola, curiosamente cuanto más coherente en general menos película, menos interesante. Y es que todo es demasiado sencillo, está simplificado en exceso, dejando únicamente un esqueleto narrativo ciertamente entretenido, pero de empobrecida argumentación y proyección. La mejor parte del filme de Coppola es cuando Farrell despierta tras la caída de las escaleras y lanza unos alaridos de sorpresa -justificados- que parecen humor negro.

Coppola carga las tintas con la religión, haciendo de las mujeres unas devotas, pero luego se trastoca esto con una facilidad inaudita. Se magnifica la situación de peligro, en un ataque de feminismo extremo, o vulgar, que el mal está despierto y hay que hacerse cargo. Pero se diluye mucho la malicia de la sexualidad que en Siegel late virtuosa en todas partes. 

lunes, 2 de octubre de 2017

A Ghost Story

Ésta película trata de un fantasma, del lugar común más inocente al respecto, un hombre (Casey Affleck) muere, exactamente a los 13 minutos de comenzada la película, y no se va a ninguna parte, no decide cruzar la puerta de luz hacia se supone que el cielo, y se queda  en la tierra cómo una sábana con 2 agujeros por ojos. Sale de la morgue y camina así de sencillo hacia su hogar donde su gran amor (Rooney Mara) sufre horriblemente su pérdida y se come un pie de manzana frente a nosotros por 5 minutos, es decir, en tiempo real. Es el momento melancólico Jeanne Dielman (1975) más la patata/papa de The Turin horse (2011).

Ese hombre, ahora tan sólo una sábana con 2 agujeros, nuestro protagonista, se dedicará a observar en silencio qué viene después de su muerte en su mundo perdido. El filme tiene un centro muy cautivante; no es ninguna película de terror aun con elementos suyos. La película es primero la observación del vacío que le ha dejado éste hombre a su amada y como su figura se va difuminando y va surgiendo su olvido. La propuesta logra trascender su simplicidad, su estado mínimo y su “artificioso” inicio, el que huele a imitación de cine arte minoritario, se siente un poco forzado. El filme maneja muy bien la especulación y el lugar común sobre los fantasmas, presenta en su última parte viajes en el tiempo, ciclos de vida, algo de reencarnación, cuentas pendientes, patrones. Ese hombre se fue temprano y abruptamente y presenciamos su camino para conseguir la paz.

Tener a éste tipo de protagonista en manos del director David Lowery, el mismo director de la maravillosa Ain't Them Bodies Saints (2013), no es un acto de irreverencia, como inicialmente lo es Frank (2014) por mencionar una película con similitudes, aunque sí una curiosidad y audacia, pero terminan siendo películas más profundas de lo que uno creyó en principio. El filme como con Rooney Mara y sus sublimes y sugerentes silencios reflexivos en Ain´t Them… se moverá a través de ellos con su fantasma, que se enoja, se frustra y sufre sin poder hablar, pero debe aceptar la muerte. Un personaje de "relleno" lanza un largo monólogo sobre que nada trasciende al final porque todo se terminará olvidando, perdiéndose, destruyendo, a raíz de si no existiera Dios, en quien Lowery cree.

El filme escoge como razón del mundo al amor, el vínculo íntimo y humilde es la trascendencia. No lo pomposo, grandilocuente, la fama, la inmortalidad, ni siquiera el arte. El filme es un hermoso cuento romántico, mucho dolor y una aventura mística para sanar. La historia del filme y la solución son muy básicas, incluyendo la manipulación de la información temática. Lo distintivo es el empaque, la forma de contarlo. Tenemos un inicio lento, pero una fragmentación (detallismo) que se hace interesante al revisarle más tarde; poco diálogo y mucha observación, pero con ritmo y fuerza escénica; un largo monólogo (lógicamente) autosuficiente y algo pedante, pero que luego queda poéticamente contrastado, respondido; mucho “rodeo” -algo confuso- por el final,  efervescente, siempre novedoso y sobre todo justificado, lo que hace de éste filme uno bien engranado, donde brilla personalidad. Además, Lowery suele continuar e inspirarse donde la mayoría pone el final.

domingo, 1 de octubre de 2017

¡Madre! (Mother!)

Una mujer hacendosa, una mujer dedicada a su hogar y a su marido, interpretada por Jennifer Lawrence, desea tener un hijo y reparar la vieja y enorme casa que tienen; su marido (Javier Bardem) es un escritor sin inspiración hace buen tiempo y se siente decaído. Un día un fanático (Ed Harris) llega sin invitación a su casa y el personaje de Bardem –que no tiene nombre en la película- hambriento de celebridad y reconocimiento lo hace su huésped. El invitado incomoda a la madre –así solamente se le conoce al personaje de Lawrence- y esto irá en aumento, y se desbordará –hasta lo inimaginable, fantasioso y artístico- en un estado de frenesí y locura propio de una pesadilla; llegará más tarde su esposa (Michelle Pfeiffer) y sus 2 hijos adultos. La madre –Lawrence- sólo quiere una vida apacible, humilde y familiar, y la gente le mortifica, pero su marido es un hombre que ansía lo público y su deseo invadirá a su mujer que sufrirá la fama y popularidad del escritor que vuelve a saltar a la palestra.

En un inicio el filme es sutil, la pareja de huéspedes generan pequeños fastidios, son conchudos/frescos, mientras tanto ella toma algo para controlarse, siempre está a punto de caer en una crisis (el filme maneja mucha tensión). Esto, desde luego, no es nada, para lo que nos tiene preparado más adelante el director, Darren Aronofsky. Tras un incidente de violencia fortuito, en realidad todo sucede como una explosión, lleno de absurdo, vuelve la calma. Pero esto dura muy poco tiempo, Aronofsky vuelve a encender la llama de la intranquilidad de Lawrence. Regresan a la casa los huéspedes. En la segunda parte del filme Aronofsky se dice, vamos por más, vamos con todo, y estalla el pandemónium.

El filme se transforma en una invasión absoluta, en una muchedumbre destruyendo la casa, la que literalmente sangra y late (y representa a la madre naturaleza, maltrecha por el hombre); en una fiesta tipo rave o como en una intervención de la policía especial contra secuestradores, en un saqueo, en un culto de fanáticos paganos enardecidos. Esto entretiene, todo resulta muy loco. Pero Lawrence con lo que sucede yace pasando las de Caín, todo se concentra en su emotividad, frustración, en su desesperación. El filme a ésta altura genera reacciones distintas, por un lado todo ese desborde tiene hasta de gracioso, pero la histeria que rodea al personaje de Lawrence encrespa, fastidia. 

La propuesta de Aronofsky se vuelve muy cruel y sádica con la madre, pero si uno conoce la filmografía de éste director sabe que no es nada nuevo en su tipo de cine (Aronofsky suele apretar sin pena ni contemplaciones). La madre pasa por tremendo, intenso y largo tormento, es todo un tour de force para su actriz protagonista y pareja (para generar un pequeño cristal, una ofrenda surgida en el sacrificio, malagradecido), producto de ser dejada de lado por su marido, el que se aboca a su egocentrismo y tiene de muy básico.

Se da una crítica a la popularidad, hacia el creador obnubilado –que deja de lado a su familia y a la paz e intimidad de su existencia- y hacia el fan ciego de pasión animalizado, intrusivo e inclusive peligroso. Lo que vemos es sólo la exageración de éstos patrones (el terror, digamos); que muera gente sin mayores justificaciones (una editora disparándole a la gente, Kristen Wiig), o que el contexto parezca como el de una turba enloquecida por un día de suculentas ofertas es sólo la montaña rusa cayendo hacia el precipicio, diversión pura y dura.  

martes, 26 de septiembre de 2017

Come drink with me, Dragon Gate Inn y A touch of Zen

Son tres películas míticas de artes marciales chinas, espadachines y de época, en China es un género en sí llamado wuxia, pertenecientes al chino King Hu, tres películas que sentaron las bases del cine de acción marcial de su país como renovación, expansión y popularidad.

Come drink with me (1966)

Tiene como heroína a la guerrera conocida como Golondrina de oro (Cheng Pei-Pei; la que más tarde haría de Zorra de Jade, la antagonista ambigua en Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000) y en segundo plano como su guardián secreto a un maestro de kung fu que se hace pasar por vagabundo y alcohólico apodado Gato borracho (Yueh Hua). La trama es sencilla y emocionante como buena cinta de acción.

Unos bandidos han secuestrado al hijo de una importante figura política para intercambiarlo por el líder de su banda que yace preso. Éste es el pretexto del filme para rivalizar, pero es innegociable porque el gobierno no accede a intercambios y envía a Golondrina de oro a rescatarlo. Con tan sólo esto vemos variedad de enfrentamientos donde la protagonista muestra toda su habilidad de pelea, especialmente con armas (cuchillos, dardos, espadas).

El filme no tiene una lógica estricta marcial, los combates tienden a exagerar, pero se ven excelentes las coreografías así, imponiendo mítica y pegándose a la historia, más que buscar la destreza real. Es un lugar para magnificar a los personajes y perpetrarlos como parte de un cuento. El filme es un sólido entretenimiento, con su ligereza argumental, vital y sus continuos ataques y contrataques, sobre todo porque la grandilocuencia no viene por la fluidez, rapidez y coherencia de los golpes, sino por la construcción en cuanto a la sobredimensión de habilidades en el combate, plenamente justificados en su propia visualidad y libertad.

La trama muestra a Golondrina de oro yendo de frente contra los bandidos cuando entra a sentarse en un restaurante-posada donde ellos suelen hallarse, toma un cuarto en el lugar, y más tarde los sigue hasta su escondite, un templo budista. Los bandidos que son un ejército quedan plenamente dibujados cuando matan a un niño fisgón. El filme saca un as de la manga con una sub-trama bien avanzado el metraje, con el hermano mayor de Gato borracho –hermano mayor que lo recogió, pero es un traidor y ambicioso- que es el gran reto final de combate de la propuesta. Gato borracho impone alegría, poética, humor, música y simpatía también, anda con un coro de niños y tiende a cantar. Lo curioso es que los artistas marciales principales se ven bien comunes, pero pelean como los más fieros. El filme crea su entero mundo fantástico. La ambientación y la vestimenta también son muy loables.

Dragon Gate Inn (1967)

Película que es algo más compleja que su antecesora, tiene más giros, más escapes para seguir con la acción. Ésta vez se trata de una zona dominada por un gobernante eunuco que tiene a su banda de guerreros tras los pasos de una dinastía que rivaliza por quien gobernará y quiere destruirlos. La ambición de poder y control hace que el eunuco en jefe mande a sus mercenarios a matar a los hijos de su contrincante político. Pero en el camino salen maestros marciales a defenderlos. Estos parecen gente casual y en un inicio como en un tipo de comedia -slapstick- parecen enfrentarse sin ton ni son a los malvados, pero aunque surgen infinidad de peleas y conspiraciones, para matar inocentes y entrometidos, el filme luego expresa motivos. El eje es simple, salvar la dinastía en peligro y vencer al eunuco y su banda de guerreros.

Xiao (Shi Juan) es el protagonista más importante, tiene mucho carisma y se ve bien ligero, pero como él mismo responde las apariencias engañan. Tiene a flor de piel el humor, pero pelea con grave destreza, frescura y cierta vanidad. Xiao es un lobo solitario, al que le han pagado, pero va más allá y se siente comprometido con la causa de los hijos del general Yu. Es un héroe en toda cabalidad, aunque de lo más sencillo y funcional, no tiene background alguno, y no pelea sólo, tiene su pequeño grupo de aliados, unidos por fervor a la misma causa.

El filme se presta sobre todo para combatir, hay infinidad de luchas impresionantes, pero lo hace con preámbulos donde hay sarcasmo, juego, suspenso, diálogos absurdos y jugosos, mucha gracia y picardía. El filme no sólo se aboca a pelear aunque tiene una trama muy práctica y esquemática, pero la estructura para generar pequeños pretextos de encuentros -acción, choque- es de suma elaboración y audacia. Hay una soberbia puesta en escena, como un uso del exterior natural maravilloso; toda una preparación y rodeos in situ para luego generar las esperadas y aclamadas luchas.

El contexto central es la posada Dragon Gate donde perro, gato y pericote se esconden, se preparan y se encuentran para pelear. En el arranque del filme son presentados los guerreros enemigos principales, pero al final poco importa sus nombres, sino que den muchas batallas, en ello la propuesta mantiene la tensión hasta el último minuto. Tsai Ming-liang le haría un homenaje a ésta película, pero a su estilo, con la maravillosa Goodbye, Dragon Inn (2003), centrada en una vieja sala de cine donde se está viendo éste famoso wuxia.

A touch of Zen (1971)

Ésta película dura unas 3 horas aproximadamente y es la película más famosa de King Hu y la que más trabajo y tiempo le demandó, tomó 3 años terminarla. El filme tiene la curiosidad que uno de los pilares del filme es el actor Shi Juan, como Ku Shen Chai, pero aquí no sabe artes marciales, es sólo un dibujante que vive con su madre que para fastidiándolo de solterón. No obstante más tarde se mostrará como un eximio estratega militar, cuando quiera salvar a una fugitiva, Yang Hui-ching (Hsu Feng), que es maestra de kung fu y sobre todo con la espada.

El filme demora 55 minutos en presentar su primera pelea marcial, antes maneja el misterio con un extraño visitante, además de que juega un poco con el terror con un fuerte encantado. Los malvados están liderados por el eunuco Wei y la cámara del este (sus agentes policiales), que quieren matar a Yang porque su padre delató al eunuco de corrupto. Ku y Yang tienen una escena romántica muy bella e interesante y queda unido a ella para siempre, aunque Yang es una mujer ruda y autosuficiente, es ella la que se enfrenta a espadazos con los asesinos, pero esa noche cae en brazos del que menos uno esperaría, un hombre débil físicamente, pero muy inteligente, honorable y valiente.

Yang además tiene a su lado gente leal de su padre que yacen de encubierto y son los que pelean hombro a hombro, cuerpo a cuerpo. Estos se enfrentan a los distintos mandos de la cámara del este que la buscan. No faltaran peleas muy vistosas, intensas y exigentes, pero igualmente será necesaria la inteligencia y sensibilidad de Ku, lo sobrenatural y la fe. Enfrentan la especial dificultad con el capitán Ouyang Nin que parece invencible y, después, al comandante Hsu Hsien-Chen, que es el doble de diestro que el capitán y más cáustico. El filme es un canto de mítica, personajes de un grato atractivo visual, en un empaque llano y transparente, valiéndose de un súper entretenimiento.

Otra participación determinante en el conjunto es la del abad Hui Yuan (Roy Chiao), líder de un grupo de monjes budistas y el que aunque aparece en pocas oportunidades brinda un aire místico y trascendental al filme, aparte de que ejecuta el llamado golpe del toque zen, un golpe espectacular dentro de un poderoso clímax. El filme finaliza artístico, desbocado, un poco extraño (pero entendible) y muy libre, lo mismo imitaría la genial y popular Crouching Tiger, Hidden Dragon -en mucha menor valía como colofón, pero se podría decir que por más tiempo, a partir del vagabundear descubierto de Jen Yu, la bella Zhang Ziyi-. A touch of Zen es una obra magistral e hito del séptimo arte. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dragonfly Eyes

Una chica llamada Qing Ting (significa dragonfly, libélula) deja un templo budista donde iba a ser monja, pasa a trabajar a una fábrica lechera, luego a una tintorería donde una cliente de dinero hace que la expulsen, para eso todo el tiempo ha entablado amistad y más con Ken Fan, el hombre se entera del despido y se venga de la mujer, perpetra vandalismo y va a la cárcel. Qing Ting se hace cirugía y se transforma en celebridad de chat en línea, antes es camarera en un restaurante cosmopolita. Ken Fan sale de la cárcel y se convierte en Qing Ting.

A grandes rasgos ésta es toda la trama de la película que suena bastante extravagante, pero tiene aún más curiosidad porque está hecha íntegramente con las imágenes tomadas por cámaras de seguridad; es mediante la técnica del found footage que se reinterpreta la abundancia de lo compilado y el director chino Xu Bing en su debut cinematográfico fabula una historia arbitraria, propia, imaginativa, novedosa y también entretenida. Xu Bing tiene su debut con más de 60 años de edad, pero es un reputado artista, conocido por sus instalaciones artísticas y por ser catedrático en Estados Unidos y China.

Sus 2 protagonistas, una pareja de enamorados, él mucho más que ella, perviven en el rostro de las miles de caras que pasan por las cámaras de vigilancia con los que se logra plena continuidad narrativa; tomadas las personas a distancia, y en una estética no muy nítida pero no sucia, la especificidad se confunde y toma normalidad y credibilidad, pero ya lo dice una conversación de la trama que expresa que los seres humanos son como las vacas, se creen distintivos pero son todos muy parecidos, proyectando el experimento incluso frente a la dificultad de manejar lo físico, pero que Xu Bing lo hace ver muy fácil y bien articulado.

Dragonfly Eyes (ojos de libélula) hace clara referencia a las cámaras de vigilancia, a los miles de ojos artificiales que se posan sobre nuestra vida diaria y ordinaria, aunque también hay momentos donde brilla lo espectacular. Xu Bing hace uso de la grabación de suicidios también para darle forma a su trama, pero lo hace sin polémica, sino muy suavemente, las imágenes se perciben discretas. El filme hace uso de buenos símiles como con fenómenos naturales y grandes explosiones producto de accidentes de naturaleza grandilocuente para retratar emociones altisonantes. Es medio show las vidas tanto de Qing Ting como la de Ken Fan, buscan salirse de lo habitual de la existencia, lo cual llega a ser nefasto y epifánico. El filme termina donde comienza, tras atravesar lo mundano, la violencia y lo banal, la naturaleza humana (que critica), regresa a lo místico, a lo íntimo y frugal.

La historia puede verse a ratos no tan efectiva producto de que no todo encaja con las imágenes de las cámaras de vigilancia, pero en general es un uso audaz y eficiente, además de que sí contiene una historia, decente, al menos, aunque ligera y marcada, por las imágenes que son mucho como explosiones, sobre todo en momentos claves, provocando intensidad narrativa. Es mucho un viaje de fuertes emociones, con imágenes que impactan, pero que no son morbosas, pero se percibe cierta locura del mundo. Tiene también momentos muertos, que se ven muy funcionales o apenas aprueban o nos son indiferentes y por otro lado otros que son hasta muy simpáticos (el baile y coreografía en el restaurante). La película de Xu Bing tiene de película de espías con la vigilancia computarizada y algo quizá de Matrix (1999). Dragonfly Eyes (2017) se hizo merecedora del fipresci en el festival de cine de Locarno 2017.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Certain Women

El cine minimalista y de lo cotidiano, de lo pequeño y sutil, de la directora indie Kelly Reichardt adapta 3 cuentos de su compatriota la escritora Maile Meloy. En la primera historia Laura Dern es la abogada Laura Wells, mujer solitaria que tiene un affaire con un hombre casado. Tras el encuentro sexual, mimos femeninos y mucha despreocupación, ella se topa con un terco cliente, Fuller (un estupendo, muy natural, Jared Harris), que necesita dinero para curar consecuencias de un golpe que tuvo en el trabajo, pero le han dicho que no tiene chance de demandar a su empresa. El hombre no entiende y le sigue exigiendo ayuda a la abogada. El problema termina con una acción desesperada, poco inteligente. En la segunda historia una pareja de esposos –interpretados por James Le Gros y Michelle Williams- quieren la arenisca –rocas- de un amigo suyo para construir su casa; el hombre en cuestión, un anciano, sintiendo el paso del tiempo luce melancólico entregando lo que desean. En la tercera historia, la mejor del grupo, una joven cuidadora de caballos (Lily Gladstone) siente fuegos artificiales por una muchacha profesora nocturna de derecho (Kristen Stewart) que descubre casualmente al pasar por su lugar de trabajo. Ambas traban amistad y se suelen reunir terminada la clase a comer en un restaurante. Luego de la cena y la conversación la profesora debe manejar 4 horas de regreso a su hogar, y la cuidadora volver a su solitaria y humilde labor.

En la primera historia Fuller pasa de un hombre insoportable para Laura a un tipo con virtudes; de un ser extremo –impotente con su problema de salud; problema que más tarde nadie recordará- a un hombre coherente y simpático. Fuller brilla hasta en lo romántico. Caer bien hondo extrañamente lo recupera. En ese sentido las historias pueden ser bastante ligeras pero nunca malas. Éste relato hace hincapié en las apariencias, en conocer más a las personas. Fuller se describe tonto en un momento importante, pero sensible y muy humano y eso seduce a Laura. El resto es una elipsis matrimonial, al punto que uno puede imaginar escucharlos hablar de ésta anécdota –la primera historia- como un recuerdo muy romántico.

En la segunda historia un marido sintiéndose culpable pero mostrándose muy autosuficiente trata de contentar a su mujer (Williams), la que muestra carácter. La película es todo un canto femenino; en ésta realización la mirada les pertenece a las damas, pero dan cabida a pensar el comportamiento masculino (ante ellas). La talentosa Michelle Williams en su personaje también muestra sensibilidad, y no se enfoca -en principio- en el hombre que tiene al lado, sino medita la tristeza, soledad y silencio del anciano. Pero la vida es difícil y tiene ciclos. Otra lectura, con el marido que no es un personaje maniqueo (aunque simple), pero está más pegado al tipo poco empático a fin de cuentas, es que deben lidiar con la felicidad de su matrimonio, se entiende distanciamiento e indiferencia, de esto que la arenisca –sumada una hija típica, de espíritu rebelde- sea tan sugerente.

En la tercera historia todo es más emocional, solo que medio secreto, se vive mucha intensidad y sentimiento –aunque no es que exista mucha acción, todo es muy romántico, pero estando pegados a la realidad, a la timidez y a la personalidad sencilla y práctica- con aquellos encuentros que tienen de seducción silenciosa pero muy sugerente (escuchar, mirar atentamente con ojos embobados, mostrar una sonrisa perenne), viéndose a través de los detalles; preocuparse por la persona, no por la clase; plantear algo tierno y curioso, pero muy lógico y simbólico; y ya cuando la fuerza de amar –de mirar- surge gigante llega el arrebato y la pasión mayúscula –sin contacto físico sexual o alguno amoroso-.

El filme puede verse muy poco para un ojo distraído, enérgico o demasiado fijo en lo espectacular, pero las historias beben de los detalles y aunque no se trata de mucha argumentación sí de una gran proyección, de la potencia de lo esencial y diáfano. Es la fuerza además de la imagen, con momentos claves, pero delicados. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mrs. Fang

Leopardo de oro, máximo premio del festival de cine de Locarno 2017, documental dirigido por el cineasta chino Wang Bing. Una mujer de 67 años sufre de Alzheimer hace más de 5 años y ahora está en la peor fase, yace casi inmóvil postrada en una cama, la boca la tiene entreabierta con los dientes a la vista y los ojos se encuentran fijos lagrimeando a ratos, se mueve apenas, no habla, está como en otro mundo, está muy próxima al estado vegetal, su nombre es Fang Xiuying, y el documental de Wang Bing pone la cámara a ver su último trance en el mundo, hacia su cercana muerte. El documental la retrata junto a su amplia familia –en especial con sus 2 hijos, hombre y mujer- que la están cuidando, en un lugar estrecho y humilde en la villa de Maihui, en la provincia de Zhejiang.

El filme simplemente documenta la pasividad de la mujer y el ajetreo y preocupación de los muchos visitantes a su alrededor –quizá también porque es la forma china de hablar-. La cámara se mete en la intimidad y en la tragedia de la enfermedad, Fang no se ve tranquila, su expresión es tensa, el filme la desnuda en un momento muy personal, y uno siente que invade su vida. El documental no apela al sentimentalismo, trata con la dureza y no pretende la ternura, las imágenes son sencillas pero fuertes.

Ver el estado de la señora Fang es incómodo, uno puede sentir como si ella nos dijera con su fija dolida expresión que nos vayamos, que no la miremos. Es como un alegato de sufrimiento, de un lugar sin solución y más bien demora en terminar. La familia discute de temas de sus vidas privadas, poco importa, la imagen de Fang lo abarca todo en este momento.

La señora Fang no necesita hacer nada, pero conmociona al espectador, y no es producto de violencia visual, el filme como máximo solo se fija en el rostro de la mujer, y no en sus necesidades fisiológicas cubiertas por su familia. Pero cuando vemos que le dan agua y ella casi se ahoga sabemos que el filme pudo ser mucho más explícito y mostrar una cara aún mucho más terrible para nuestra observación, aun cuando el filme está muy despojado.  

La propuesta presenta desahogo, en especial con la vista de la búsqueda de alimentación rural de los allegados de la señora Fang, cuando practican la pesca eléctrica y la cámara sigue hasta en tiempo real una larga caminata tras ésta labor. La pesca eléctrica se repite hasta en tres oportunidades ante nuestros ojos y es la misma monotonía que refleja los últimos días de la protagonista, de la que muy poco sabemos, y se ve bastante humilde, aunque lógicamente la muerte y su proximidad es culpable de quitarnos prácticamente todo.

El tema de la muerte que maneja Wang Bing es todo lo opuesto al espectáculo y a contar historias, es algo tan desprovisto de grandilocuencia y fantasía que acabada la película te quedas compartiendo el silencio con aquel cuerpo pasivo que hemos visto por tanto tiempo sin cambio llamativo. Es el tipo de vida que no solemos tener presente y más abunda; es el momento en que no pensamos y al que todos enfrentamos. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Evolution

La directora de la película, la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del polémico director Gaspar Noé, con quien ha colaborado en algún guion y edición, no podía entregar una propuesta convencional, por lo que atribuye poder simpatizar con su filme a lo sensorial en lugar de comprender una historia, y se pierde de ser harto más seductora, porque contiene buen material con el que tenía para crear una historia solvente y más interesante; rara y llamativa, pero justificable, a un grado que se hile, al menos. No obstante se aprecian algunos parámetros para conformar una historia, como contener un comienzo y un final novelesco, pero que en conjunto queda en ciernes, porque en realidad no hay mucho debajo y la experiencia se presta inferior.

En el filme de Hadzihalilovic vemos una isla con niños -sólo varones- dominados por unas falsas y frías madres que arguyendo enfermedad –inducida por ellas, como con el elixir que les dan- los trasladan rápidamente a un hospital lúgubre y de mal aspecto donde experimentan con ellos; en este lugar hay una fuerte relación con la concepción, a partir de los propios niños, los ya crecidos; ésta es la evolución que señala el título, pero que arguye una involución, claro, está, fuera de lo evidente, partiendo del rapto y el formateo.

Se ven prácticas cada vez más inexplicables y extravagantes que flirtean con la corrupción, siempre a un paso de la trasgresión, aunque la directora nunca llega a cumplir dicha amenaza –esto se aminora más bien en su composición- o no se capta en todo esplendor, pero a uno lo tiene en vilo, en el terror, paladeando que toda la experimentación tiene del género, que se plasma en el body horror, donde brilla finalmente más la ciencia ficción y cierta cordura –contenerse- o algo parecido.

Ésta corrupción incluye el asesinato de niños, como señala el muerto hallado en el fondo del mar con extrañas marcas que remiten a la estrella de mar (por ende a la experimentación), del que habla el pequeño protagonista. También tenemos a la pedofilia, velada y distorsionada en la experimentación, pero que al final con la relación con la enfermera (Roxane Duran) queda libre de cortapisas, sólo que resuelta bajo menor polémica, por el tiempo de los sucesos y por los hechos en sí; vemos un beso como un disparo, un ahogo simbólico –una recapitulación hasta la elección de lo correcto- y un amor primerizo, de aprendizaje y compasión, veloz como el chasquido de dedos, a través de lo tentativo, pero en última instancia platónico, mientras lo de los bebés inoculados o extraídos de los niños se siente medio absurdo, pero intriga.

La ambigüedad y el esbozo tienen su belleza. Lucile Hadzihalilovic crea un buen filme, por una construcción estética y un tono brillante que señalan personalidad, pero imaginemos que tuviera una historia tan potente y seductora argumentalmente como la de La Isla del Doctor Moreau de la que la directora ha declarado beber, estaríamos ante una obra maestra del séptimo arte, y el tono y la estética son tan poderosos que ésta meta no sonaba lejana. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Pi

La ópera prima de Darren Aronofsky es una película de bajo presupuesto hecha en blanco y negro, tiene una premisa interesante y extraña. El matemático Max Cohen (Sean Gullette) quiere hallar los patrones universales del planeta a través de los números y poder predecir cualquier asunto por medio de ellos.

Max Cohen toma pastillas como caramelos y tiene una jaqueca brutal, pero no detiene su búsqueda. La propuesta combina surrealismo, onirismo, locura y realidad. Nunca estamos al tanto donde realmente nos encontramos.

El matemático se topa con una secta de judíos por medio de Lenny Meyer (Ben Shenkman), un amigo que parece perseguirlo, y es que muchos están enterados de la búsqueda de Max; hay que apuntar que el filme se mueve en gran parte por la mente del protagonista. Esta secta cree que los patrones universales están en la Torah –la biblia hebrea- y quieren que Max lo trabaje, pero lo de Max es una obsesión solitaria sin la especificación de su ambición.

Max tiene un mentor, Sol Robeson (Mark Margolis), que renunció a la misma búsqueda; ellos juegan Go –juego chino de hace más de 2 milenios de existencia-. Sol cree que el Go contiene los patrones universales. Además hay una empresa de analistas de Wall Street que tratan de acorralar a Max y asociarlo a su empresa.

Sol le dice a Max que está más cerca de la numerología que de la ciencia, y así se percibe la narrativa y tono del filme, con un aire hacia algo terrorífico u oscuro in crescendo. El filme es mucho una pesadilla, sentir la presión -y las alucinaciones- del protagonista, arrastrado hacia la imagen psicótica de un taladro perforando un cráneo.

La propuesta indie de Aronofsky mezcla lo místico con las computadoras. Max no luce inteligente, pero supone alguien excepcional, aunque más parece un demente. El filme es una ilusión y puro suspenso, lo que es su mayor virtud o quehacer torturador, inquietante, perturbador, aunque tiene de ridículo también. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

The Eyes of My Mother

Película filmada en blanco y negro, ópera prima de Nicolas Pesce, de una hora 15 minutos, dividida en tres partes (mamá, papá, familia). El filme relata la corrupción de una mente y el nacimiento de una asesina. Una niña muy unida a su madre, una cirujano ocular de origen portugués, suele atender como trabaja con los animales de su granja, la madre va formando su personalidad, pero es cuando ocurre un incidente salido de la nada que queda perturbada.

Prácticamente sola en el mundo con un padre que no le habla, que está pegado a la televisión y apenas comparte un baile ocasional con ella es que su mente sigue el camino inevitable de la distorsión. Lo que viene después es ver a una persona fría y malvada; surge la tortura y la animalización de víctimas. El filme se apropia de la sangre caliente –latina- de la protagonista –lesbiana, además-, la que macabramente habla sola -llamando a su madre- y algo –el bosque, lo oscuro- le escucha y le cumple sus deseos.

La propuesta puede verse sólo como una trama criminal de una persona perturbada. Queda claro que Francisca (Kika Magalhaes) es una mujer enferma, una psicópata, el filme crea un personaje sólido con ella; es más, ella es la película. Las tres partes del filme son cómo va definiéndose como persona, cómo estos puntales construyen su psiquis. La trama es muy austera por donde se le vea, pero muy placentera como terror.

Uno de los asesinatos por extraño que suene se percibe como un baile sensual –a lo Hannibal Lecter-, en medio de apuñalamientos y el sabor agridulce del karma. La escena de la mujer esclavizada avanzando a oscuras hacia un posible atropellamiento también ostenta una estética, rara e inquietante.

El filme muestra mucha crueldad y extravagancia en el comportamiento de Francisca, la que es como un animalito sin demasiado entendimiento de sus acciones. Pero no vemos asesinatos explícitos, estos yacen en fuera de campo; la historia se enfoca en la locura a raíz de la soledad, el vacío y la pérdida, en las voces de su cabeza, en sus necesidades físicas y emocionales corrompidas, en el aprendizaje del placer sórdido y el recuerdo de la profesión materna.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Doble

Esta película peruana colombiana dirigida por el colombiano Felipe Martínez Amador es una película comercial simpática y con un nivel decente de comedia, aunque a ratos se va por el camino fácil de la broma gruesa y la jerga, pero son los menos. El nivel general del filme es saludable, y está bien constituido, aunque buscando motivos y continuidad al hecho de mezclar los tiempos para hacerse con la mujer deseada se note a ratos algo forzado, sin embargo funciona en general. El filme de Martínez Amador por momentos es bastante ligero, pero su narrativa en conjunto fluye, es amable y agradable, también tiene su audacia con la mezcla de las distintas realidades, de la realidad paralela, del deseo de Fede (Salvador del Solar) de tener más tiempo libre con su esposa, la que para ocupada con un trabajo demandante, aunque de mucho éxito y dinero, pero aun así ella trata de complacer a su marido. La esposa la interpreta la colombiana Majida Issa como Mariana.

Fede exagera un poco el problema de la distancia, cuando ella no puede ir a celebrar su aniversario -20 años de casados- al lugar donde se conocieron. Quizá por eso su estupidez y –entre comillas- buena onda termine golpeándole como un boomerang, aunque él crea que hace lo mejor y hasta se sienta realizado y feliz consigo mismo. Pero vayamos más atrás, Fede al ver pasar un cometa, el mismo de su juventud y el mismo del comienzo de su romance con Mariana, pide un deseo medio sin querer queriendo y vuelve al pasado, a conocer otra vez a su mujer, 20 años atrás, mientras su mujer de la actualidad se va alejando de verdad de él y éste paradójicamente siente que es lo mejor. Doble estupidez, y es que doble no sólo es la mujer repetida. El filme pretende la corrección política. Fede aunque en un inicio hace lo que le da la gana, se va con la versión joven de su mujer, la que quiere ser fotógrafa, y él su manager y no su marido, termina minimizándose y prácticamente botándose a la basura; claro, que con algún detallito de por medio como ganar la independencia laboral.

Detrás de la película hay un argumento –un lugar común cinematográfico- disque idealista, pero que realmente es superficial y antinatural, porque no retrata personas, sino entes inanimados y fantasiosos, pero más allá de esto –aunque un punto clave- el filme tiene muy buena comedia y la ciencia ficción con el manejo de las aventuras y el rock de la vida paralela de hace 20 años se hace muy entretenido, otorgándose flexibilidad y plasticidad e incluso hay cambios que llegan a ser muy graciosos, porque no se les toma en serio en absoluto, sobre todo con el personaje que hace Christian Meier que es jocoso. A Meier le va muy bien la comedia, como a Salvador del Solar sin caer en lo alevoso.

El filme tiene su buena cuota de ingenio en esta interacción con los tiempos y las distintas versiones de Mariana, la que se hace creíble en dos épocas y edades distintas, mérito de ella sin aspavientos. Salvador del Solar también está a la altura como el personaje central, tiene carisma y la ligereza que implica su papel. El filme se ambienta en Colombia, pero los lugares tienen un aire muy general que poco importa confirmar en donde nos hallamos. El filme en ese aspecto hace ver la actualidad de Fede y Mariana como gente con cierto poder adquisitivo y el pasado algo tipo punk, rebelde. No se necesita mayor complejidad en los escenarios.

El efecto y la justificación del cometa mágico y el deseo cumplido es lo suficiente funcional, pero logrado, que como dice un diálogo, no es necesario hablar de duendes y subrayar que tratan con lo absurdo. También hay momentos muy coherentes que hacen un buen contraste con el aspecto fantástico. A ese respecto la psicóloga y gurú de la mujer casada dominante que interpreta otra colombiana, Julieth Restrepo, se brinda muy competente. Este filme no apela a la vulgaridad habitual de la comedia del cine nacional, entrega un cine más sofisticado en cuando a maneras y a su temática, sin perder en el trayecto la cercanía con el público, ser entretenido y tener un toque de arte. La mezcla de los tiempos, los cambios del futuro y la estructuración no necesitan ser revolucionarios, sólo hace falta algo de imaginación, gracia, proximidad, sentido del ritmo y de la comedia, para hacer algo valioso. Como entretenimiento comercial es un éxito, sin ser plus ultra. Es un filme ligero con un manejo claro y algo curioso, una comedia romántica efectiva –divertida- con su toque interesante que hasta se da el lujo de saltarse alguna convención determinante, mediando un cierto aire pro-feminista (también bromea con ello con la psicóloga), aunque todo manipulado por un hombre.

Verano 1993 (Estiu 1993)

Frida (Laia Artigas), una niña de 6 años, pierde a sus padres, no sabemos cómo específicamente, aunque sólo le tensiona y tiene presente la muerte de su madre, su padre parece que la arrastró a una enfermedad y todo sugiere que fue el Sida. Ni Frida ni la película de la española debutante en el largometraje de ficción Carla Simón lo dicen abiertamente, que Frida sufre mucho la muerte de su madre. Todo el metraje del filme es la conmoción y shock silencioso de la pérdida, Frida pasa por el trance de aceptar la muerte más importante de su existencia a muy corta edad. La niña ha ido a parar a vivir con un tío (el hermano de su mamá), su mujer y su pequeña hija (más pequeña que Frida); ha pasado a vivir a una buena casa de campo. Su nueva familia es muy cálida, bondadosa y responsable, aman a Frida, pero la niña -rebelde en este momento, por el vacío e impacto que lleva dentro- lucha por adaptarse a su nuevo hogar.

Lo que más puede agradar, teniendo en cuenta que el presente filme ha conseguido complacer prácticamente de forma apabullante, su parte distintiva y artística, es que tiene un tratamiento muy moderado y calmado de lo que siente Frida, de un golpe brutal en su vida, un dolor expuesto transversalmente mediante sus continuas travesuras, ocurrencias, escapes y exabruptos (por pequeñeces), es decir, Frida sufre, pero no lo vemos con lágrimas ni melodrama, está aparentemente postergado, pero lo que presenciamos en realidad en la trama de la catalana Carla Simón es la catarsis de la pequeña (para expulsar la enfermedad del organismo), y esto es a través de aprender a vivir con su nueva familia. La adaptación a la villa es un trance mortuorio íntimo, “secreto” y personal; entrar en la corrección es superar el sufrimiento interno.

El filme gusta inmediatamente porque se trata de una niña dulce y carismática, que identifica y sensibiliza al público y no sólo porque es linda en varios sentidos, tiene momentos donde denota una personalidad muy femenina; desde luego, inocente, pero también tiene su carácter y debe desarrollarlo aún más, sobre todo cuando este filme coming of age nos presenta una prueba –injusta- de la vida. El filme cautiva al que entiende –y no pierde de vista- el gran golpe que padece, ésta es una presencia mental y constante en cada acción. Es mirar su comportamiento –la reacción ante el leitmotiv del filme- en cada rincón. No obstante, la propuesta tiene cantidad de ratos de alegría, aventura y ternura, sumado a que no hay excesos de dramatismo con lo que se hace muy simpático y llevadero de observar; el filme requiere sensibilidad, la que aplaca cierta falta de originalidad y su sencillez formal.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Atómica (Atomic Blonde)

Lo primero que llama la atención de ésta película, y es inevitable ya que suena como arbitraria y potente la banda sonora, es la selección de la música del filme, con canciones de los 80s de músicos y bandas emblemáticos de la época. Escuchas a David Bowie, The Clash, Queen, Depeche Mode, New Order, Blondie, The Cure, George Michael, Peter Schilling, entre otros. Las canciones en medio de las luchas cuerpo a cuerpo se oyen extrañas, pero son canciones que hacen distinguir la película y le dan una combinación curiosa y simpática a fin de cuentas, luego de acostumbrarnos. Propician una atmósfera de intensidad y de fiesta.

El director de la presente película, David Leitch, es un consumado doble de acción y coordinador de escenas de riesgo y combate quien fue codirector de la magistral película de acción John Wick (2014), oficialmente sólo de Chad Stahelski, donde Leitch hizo de productor, además.  Atomic Blonde (2017) es un filme de espías en toda regla, es decir, uno tan complejo que es difícil de comprender en su totalidad, cargado de traiciones y dobles espías, uno no sabe para quienes trabajan muchos de los involucrados hasta el último segundo.

La protagonista es una espía de las más duras, interpretada por la hermosa y talentosa Charlize Theron, que demuestra que es capaz de hacer hasta lo impensable en su carrera de actriz, se reta constantemente, como con la actual película donde tiene que demostrar dominio del arte marcial y enfrentarse a puño limpio hasta la muerte con tipos enormes e igual de preparados que su personaje, una badass, una James Bond de última generación. Theron le da volumen a su personaje, cuando éste tiene mucho trabajo de campo, especialmente matar rusos.

Lorraine Broughton (Charlize Theron) en el presente es interrogada no de forma muy cálida por sus duros superiores del M16. Cuenta su periplo por la Alemania comunista a puertas de caer el muro de Berlín (el año de 1989), sobre la misión de hallar -antes de que empiece una cacería- una lista donde se delataría a todos los espías en favor de su país. A través de flashbacks Lorraine entra de encubierto en Alemania del este, lugar en que debe contactar con el espía David Percival (James McAvoy), un tipo pícaro y muy cool, que carga a menudo su Jack Daniel's. Entre ellos está una espía aprendiz francesa, Delphine Lasalle (Sofia Boutella), con la que Theron tendrá un romance de esos candentes pero finalmente intrascendentes en la trama. También Lorraine tendrá que sacar del país a un miembro del Stasi –servicio de inteligencia de Alemania del este- interpretado por el competente Eddie Marsan, como Spyglass, un hombre pequeño. Junto a estos cuatro personajes están los militares rusos con sus guardaespaldas, asesinos y guerreros gigantes, y el malvado jefe ruso (Roland Moller) que hace su impactante entrada dándole una golpiza a un skater con su propia patineta. Estos enemigos rusos poco importan, son un lugar común sin mucha pompa efectiva, aunque algo se les distingue; sus combates sí son excelentes, como el que Lorraine tiene al querer salvar a Spyglass de una lógica emboscada para que no traicione a la Stasi, que hasta el final es espectacular, con el auto en el agua. Theron sale bien golpeada, sangrante, quedando con mal semblante. Hay otros personajes, aliados, espías y pequeñas vueltas de tuerca adicionales, pero ésta película es complicada de seguirle en todo, y tampoco es indispensable hacerlo.

Quedarse con sólo las peleas es ser tacaño con la propuesta, porque el filme de David Leitch no se trata únicamente de esto, tanto que sorprende por ser un filme arduo de espías, aunque tiene sus ejes claros (la lista; Satchel, el traidor de la corona; Spyglass). Si buscas sólo combates marciales los tendrás pero no hay en demasía aunque suficientes (si quieres muchos de ellos, intensos, frenéticos, alucinantes y en toda gloria, John Wick es la mejor opción), más es el juego de los traidores, de identificar enemigos y amigos (y conocer mejor a los amantes), de especular y sacar conjeturas. Lo que pasa es que Atomic Blonde palia su complejidad argumental con los combates, con ejes fáciles y vistosos y con su locuaz banda sonora, pero todo se complementa y entrega una muy buena película, que tiene estilo y su originalidad como película de acción, y como cine de espías es más llevadera. Se basa en la novela gráfica The Coldest City (de esto también lo cool del filme), del inglés Antony Johnston.

Night of the Demons (trilogía)

Night of the Demons (1988) la dirige Kevin Tenney con guion de Joe Augustyn, cuenta como un grupo de 10 amigos -muchachos locos en busca de diversión- deciden ir a la casa Hull en noche de Halloween, una casa de la que se dice está poseída por demonios y que fue una funeraria, crematorio y cementerio. La casa Hull también tiene una historia de homicidios con los dueños –muerte entre familiares- y, además, una leyenda india sobre no cruzar hacia allá. Pero los muchachos quieren celebrar la noche de brujas de la mejor forma y esto es ir a la fiesta que organiza la muchacha marginal apegada a la magia negra, llamada Angela (Amelia Kinkade), la que va con su mejor amiga Suzanne (Linnea Quigley), la chica fácil y sexy.

La chica virginal, temerosa y recatada, estereotipo que no falta en la clásica película de género, se llama Judy (Cathy Podewell) y ella es algo la voz de la consciencia o la que menos bulla hace. Tiene 2 pretendientes, el galán superficial Jay –que sólo se la quiere coger- y el rebelde, rústico y solitario Sal –el amor inesperado-. Con ellos va una pareja de novios cercanos a Judy, personajes anodinos, pero que sirven para poner más carne sobre el asador, y otros tres chicos aparte en su propio auto, un afroamericano que le teme a todo, una chica que sirve sólo para que la insulten y un muchacho grueso, bromista, maltratador, misógino y vulgar.

La película tiene varias escenas de sensualidad, hay que recordar que es una película de típicos adolescentes en busca de juerga, donde hay 3 grandes escenas. Una es cuando Suzanne enseña su voluptuoso trasero en ropa interior –Judy también aunque casual cambiándose en su cuarto- y sus lindas piernas sobre tacos altos rosados para que su amiga pueda robar cosas para la fiesta. Otra es un baile entre freak y erótico de Angela con la canción Stigmata Martyr, de Bauhaus, de fondo; que es el arranque de las posesiones. La última es cuando Suzanne entra en estado de posesión y se pone absurda e imprevisible. Estas dos últimas escenas mencionadas generan buenos momentos de terror.

El filme de Tenney es muy básico, pero es un buen filme. Ya hay mucha agua recorrida en el género pero aun así se las arregla para hacer lo suyo, aunque por sus venas pasa El exorcista (1973), The Evil Dead (1981), Demons (1985), Demons II (1986) y Evil Dead II (1987). La propuesta está bien constituida; su historia mete de todo para justificarse y lo hace muy ligeramente, pero tiene buen manejo de las escenas de terror y su sentir adolescente es sólido. El ambiente central de la casa se presta para la lujuria y lo macabro, su combinación máxima.

Night of the Demons 2 (1994), de Brian Trenchard-Smith con guion de Joe Augustyn, también funciona, no es mala película aunque no es de las más memorables. Imprime mucha comedia, pero mantiene algo el interés en sus escenas de terror, tiene aún efectos especiales decentes. Ésta vez la Angela (Amelia Kinkade) de la anterior película es el demonio central, y tiene un pariente en una chica a la que le suelen hacer bullying (el alma pura a sacrificar). Se inscribe el filme en un internado de chicos problemáticos, con separación de hombres y mujeres, a los que una monja rígida suele vigilar dictatorialmente. Ésta monja (Jennifer Rhodes) hará también de héroe, propiciando cero ingenio más bien; los adolescentes tampoco yacen iluminados (aunque se ve algo en Zoe Trilling, y el taekwondo de uno de los muchachos). No es una película brillante, pero el director y el guion de Augustyn al menos no son un cero a la izquierda. El filme tiene un lado infantil, pero que no llega a destruir la película, se acopla al terror que mantiene un cierto lado serio. Usan pistolas de agua y globos con agua bendita para combatir a los demonios, y sin embargo tiene gracia. Tiene su culto también.

Night of the Demons III (1997), de Jim Kaufman con guion de Kevin Tenney, baja ya demasiado el nivel, se nota un filme en extremo barato, no es ni para televisión; además, la narrativa es en parte repetición de la primera. Se instala en la casa Hull y llegan nuevos adolescentes; el cabecilla del grupo, Vince (Kris Holden-Ried, el mejor actor del reparto, si eso es posible), carga instinto criminal y hace que tengan que escapar de la policía tras un tiroteo. Ésta película no tiene buenos efectos especiales o no los sabes utilizar, no tiene un solo momento de terror decente, incluso llegan a ser vergonzosos, como su humor. La sensualidad también es nula en la propuesta, incluso la chica llamada perfecta –popular, bella- y decente (Stephanie Bauder) no tiene un ápice de gracia. La trama respeta la segunda parte de la trilogía, pero sin salirse del cuadrante de la casa Hull; en la anterior llegan los demonios hasta el internado por un objeto curioso que proporcionaba además una escena a lo Poltergeist 2 (1986), aunque por debajo de su toque memorable. Regresa Angela (Amelia Kinkade) y se le ve bastante a la actriz que la interpreta, en la anterior aparecía pero se veía sobre todo como demonio. La presencia/performance de Angela/Kinkade vuelve infantil la trama en la peor forma para el género, hasta tiene bromas idiotas, de nivel cero de comedia. En esta oportunidad el personaje de Angela es central en la historia, pero se hace bastante mediocre, no tiene ni terror ni simpatía ni audacia por ninguna parte, sólo intenta un momento erótico chupando una pistola como un felatio y extraer las balas es la eyaculación, pero es un personaje igual de adefesiero que el de la monja de la película anterior. 

jueves, 31 de agosto de 2017

The Assignment

El director de ésta película es el legendario Walter Hill, director maestro del cine de acción, que tiene una obra maestra en The Driver (1978), películas de culto como Hard Times (1975), The Warriors (1979) y Streets of Fire (1984), y películas muy populares y entretenidas como Danko: Al rojo vivo (Red Heat, 1988) y Encrucijada (Crossroads, 1986). Walter Hill siempre ha sido un cineasta muy libre, por lo que sus últimas películas le son coherentes, son de acción pura y dura sin ningún tipo de moral, difícil de digerir esto –un poco- seguro que sí, no a todos les hará gracia ver antihéroes brutales tomándose la ley en sus manos asesinando a diestra y siniestra sin misericordia alguna y salirse con la suya tras frías venganzas. Claro, dirán, está matando criminales o corruptos que le han hecho encima daño y esa gente no vale nada, pero igualmente choca ver tanta sequedad y ligereza. Vemos como el asesino a sueldo James Bonomo (Sylvester Stallone) en Bullet to the Head (2012) le dispara a un criminal –lo mata- tras terminar de interrogarlo, simplemente ya no le sirve. No siempre el asesino y protagonista guarda aun así la simpatía –en un empaque muy violento- de Stallone, en The Assignment (2016) el antihéroe -también asesino a sueldo en busca de venganza- que hace Michelle Rodriguez no trata de simpatizar en absoluto con nadie, salvo que siente deseo sexual y en un único rato compasión por una pareja. Pero The Assignment es aún más extravagante y rocambolesca de lo que uno puede imaginar, y muy violenta y amoral también.

The Assignment trata de un asesino a sueldo llamado Frank Kitchen, gran nombre, propio del cómic en general que Hill trata de emular de cierta forma en la gran pantalla, utiliza algunas viñetas propias de los cómics además, enmarcando escenas claves como cierre de capítulos. Frank Kitchen mata por dinero y no reconoce nada más, es así de básico, pero un día tiene la mala suerte de que haciendo un trabajo para una pequeña mafia, para el honesto John (Anthony LaPaglia), asesina al hermano dilapidador de una cirujano plástico que opera ilegalmente y experimenta con el cambio de sexo, con la Doctora Rachel Jane (la genial Sigourney Weaver). Ésta mujer, un antagonista de esos poderosos que suelen poblar el imaginario del cine de Walter Hill, quiere vengar a su hermano, pero no lo quiere hacer de forma convencional. Para esto Sigourney Weaver interpreta a una mujer particular, sus discursos y conversaciones son muy prominentes (el de Edgar Allan Poe es también una declaración diáfana del cine que hace y defiende Walter Hill), y la describen muy bien, aparte de la magistral interpretación de Weaver, y es que Hill le saca magia a sus actores, lo que parece pequeño lo convierte en audaz, lo mismo que hizo con Jason Momoa como el enemigo de Stallone en Bullet to the Head, y ni que decir de la maravillosa interpretación que extrae de Bruce Dern en The Driver (1978). Lo interesante de sus malvados es que se mantienen pegados en gran parte a la realidad, siguen siendo muy humanos a pesar de todo y son curiosos sin ser visualmente exagerados. Se comportan como obsesivos y algo locos pero siempre reconocibles en nuestra humanidad, aunque manejan su propio código de conducta.

Frank Kitchen despierta de pronto vendado sólo en un sucio apartamento convertido en una mujer, le han practicado el cambio de sexo, es ahora un transexual. Michelle Rodriguez a ese respecto es muy profesional y hace un buen papel. Primero la vemos hasta con órgano masculino desnudo (interpreta a un hombre), sin sus tetas, con barba y una nariz gruesa, luego como mujer también sin ropa, de forma natural, descuidada en la trama. Rodriguez es una mujer bella, pero siempre yace en papeles fuertes, y no se le hace tan difícil mantener a Frank Kitchen debajo de su apariencia femenina, apariencia que el personaje trata de minimizar, aunque no puede con todo lo externo. El filme nos dice que lo que nos define es lo que llevamos dentro, Frank Kitchen aun cambiado físicamente sigue siendo un tipo duro y crudo.

Una reacción algo curiosa -aunque nunca faltan- es que la comunidad transexual americana se ha sentido ofendida con la película, lo cual suena desproporcionado, el filme incluso expresa en diálogos que respetan a los transexuales, que es sólo entretenimiento y que únicamente se debe a ello. Tampoco por ninguna parte se ve ofensa alguna hacia esta comunidad. Frank Kitchen no quiere ser transexual, ama a las mujeres (lo sigue haciendo con el cambio de sexo), es un tipo violento, un macho man. La historia se fija a esto, y nunca hace escarnio ni humor de este personaje. Que Hill algunas veces hace hablar a sus personajes de forma bruta y tosca sí, pero se le puede justificar por tratar de pegarse a lo real. El filme habla de convertir a Frank en transexual, que cambie de género, para reinventar su personalidad, la película tiene su argumento. Pero el interior siempre manda. Ojo que Frank Kitchen tiene relaciones sexuales sin problemas con el cambio de sexo.

The Assignment es una película que tiene buenas escenas de acción, sólo que rápidas, Hill economiza la violencia, la propone potente y descarnada pero inmediata y breve. Pero todo el filme está plagado de escenas intensas, incluso cuando habla mucho Sigourney Weaver hay un sentido del ritmo. Aunque no es perfecta la combinación de los tiempos ésta es ducha en general (hay arte). El filme tiene ingenio, aunque no sea una obra de arte; es comida rápida, pero de la que disfrutas. Presenta mucha libertad pero con noción de lo que se está haciendo, no se trata de hacer cualquier cosa y pasarla por audaz, aunque pueda juzgarse de irreverente. Es el placer y ligereza de un cineasta que sabe. 

martes, 29 de agosto de 2017

Death Note (serie anime)

Serie anime del 2006 y del 2007 que cuenta como un muchacho muy inteligente llamado Light Yagami se encuentra un cuaderno llamado death note, que pertenece a un dios de la muerte o demonio que abandona su libreta a propósito en la tierra porque se encuentra muy aburrido en su mundo. A estos demonios se les conoce como Shinigami, y este demonio en especial se llama Ryuk. Light tiene una visión personal sobre la justicia (en sentido de que es capaz de llevarlo hasta las últimas consecuencias), le encoleriza que el mundo sea tan corrupto. Pronto la death note le dará la facultad de poner sus ideas en práctica. Si escribes un nombre en la death note y piensas en esa persona ésta morirá, incluso puedes decidir cómo y cuándo morirá y hasta manipular sus decisiones poco antes de morir. El death note tiene muchas reglas que cada vez hacen más interesante la trama. Este anime juega con algo que muchos suelen discutir, que se debería matar a los criminales, y tomar la justicia en nuestras manos. Para ello Light será conocido como Kira y se creerá un dios en la tierra.

Light tendrá un potente antagonista, un personaje tan rico como él, se le conoce como “L” y es un investigador famoso y anónimo que persigue ahora a Kira. Entre ambos habrá un gran juego a ver si es finalmente descubierta la identidad de Kira, para eso L rápidamente cree que es Light, mientras Light espera matarlo antes de ir a la cárcel. Light y L perpetran grandes luchas cerebrales, el filme propone mucha inteligencia en ambos, e ingeniosamente vemos que L descubre muchas pistas que señalan quien es Kira, pero Light también contraataca y va cubriéndose los pasos. Light y L son muchachos excepcionales. L es un freak, mientras Light es prácticamente el joven perfecto. Su lucha es lo mejor de este anime de 37 episodios de 24 minutos cada uno, contando la intro y el cierre musical que llegan a ser tres en toda la serie. Las 2 últimas introducciones son música genial, muy intensa, mezcla de heavy metal, punk y rock, pertenecientes al grupo japonés Maximum the Hormone.

Este anime se puede dividir en 3 partes. La primera dura hasta el capítulo 17 más o menos y es lo mejor de la serie, es realmente maravilloso –una obra mayor- ver como Light y L juegan a destruirse, como si estuviéramos presenciando un juego de ajedrez del más alto nivel. El anime es muy claro, todo se entiende sin ningún problema, pero ostenta admirable inteligencia, es un filme de razonamientos –y filosofía- puestos a pelear. L suele deducir qué piensa Kira/Light y viceversa, qué planea el contrincante, y con ello replantear todo, buscar ser siempre más astuto que el enemigo-amigo (porque así se tratan) y vencerse. Los análisis exceden lo normal, sus mentes son demasiado precisas y poderosas, pero todo genera un juego glorioso de suspenso, de cuál será la próxima jugada maestra.

Light es perverso, sin sentido alguno de culpa –porque cree fervorosamente en su ideología como la más digna y justa para la humanidad- y terroríficamente crudo. Esto genera que Kira sea un ser invencible y omnipotente, admirado por muchos, quien se escapa de los mayores retos y no desiste –maniático- de matar sobre todo criminales y quienes se oponen a él (al final todo termina siendo sobrevivir, L lo empuja a ello, lo reduce, aunque en la sociedad no), Light es un mentiroso de antología. A esa sazón la risa de Ryuk divertido con él y sus muchos contrincantes es la risa empática del público. L planea muchas formas de atrapar a Light/Kira, pero de todas se escurre con grave sagacidad, presenciando una gran investigación. El manga lo escribe Tsugumi Oba y lo ilustra Takeshi Obata; la serie anime la dirige Tetsuro Araki.

Una de las tantas novedades del anime es la intervención de la bella ídolo pop Misa Amane, como la de su shinigami llamada Rem que la adora a diferencia de Ryuk que únicamente se divierte con Light. Misa Amane no desentona para nada, y aunque es un personaje chillón y exagerado es otra virtud de la historia, generando audaces vuelcos y sorpresas.

La segunda parte de la serie es cuando aparece el grupo Yotsuba y suma a los criminales como asesinos y violadores la corrupción del dinero, el enemigo es el empresario ciego de ambición. La tercera parte es cuando surge un Kira más –hay varios en toda la trama- y se incorporan dos investigadores (Near y Mello). En la serie hay muchos tras Kira (que significa asesino en japonés), incluido el mismo Light haciendo un doble –e hipócrita- papel. Near y Mello son personajes endebles, de lejos el mejor investigador es L, y le sigue el padre de Light, Soichiro Yagami, que es un policía híper idealista, que genera una escena emocionante e impactante cuando quiere matar a su hijo y suicidarse (qué diferente es el Death Note, 2017, de Adam Wingard, un bodrio, así a secas, un intento de propia interpretación que es un canto de torpezas y bochorno). Soichiro representa al japonés tradicional; Light al hombre de hoy en día, aunque al peor de todos. Light es muy recio y perverso, hasta niveles impresionantes. Ryuk se queda corto en mucho frente a él. Solo L le hace la competencia de la mano de sus manías y rarezas. La segunda y tercera parte son aun interesantes, el conjunto es muy bueno, pero va decayendo el ingenio. Es un arranque intenso y va descendiendo de a poco, pero hasta el final uno está pegado. La serie tiene en un inicio más realismo, pero poco a poco esto va liberándose y entrando de lleno a la fantasía, más allá de la idea de tener Shinigamis alrededor.

El anime tiene su cuota de erotismo y mucha modernidad, aunque Light es frío con las mujeres, las suele manipular, y no le tiembla la mano para deshacerse –matar- a alguna, aunque es un mujeriego y un seductor nato. El anime tiene humor pero felizmente no en gran cantidad. Es un anime sólido, libre, pero serio, que no teme hacer lo que le da la gana –arriesga en muchas oportunidades- y nunca pierde su interés. Esta serie anime no está hecha para una mente cuadriculada que desmerezca la radicalidad, la fantasía o la mezcla con lo naif. Near se comporta como un niño con inteligencia superdotada y Misa como una mujer a la que muchos creen estúpida –pero a veces se hace la estúpida- y otros la desean y ella es coqueta. En el anime hay cierta sensualidad, pero es menor, e igual todo suma.

Cuando acaba la investigación uno se siente un poco defraudado. La mayor inteligencia está en los antecedentes que crea la primera parte. L descubre todo, pero aun así Light sigue en pie (lo cual es ingenioso), prueba que culparlo y atraparlo es lo de menos interés en el anime (y es que ha hecho demasiados méritos), salvo que el final –capturarlo o no capturarlo- se aprecia poético, único momento de debilidad de Light, que recordarlo impertérrito peleando intelectualmente con L es la obra maestra de la trama. 

lunes, 21 de agosto de 2017

Infernal affairs (trilogía)

La primera película de esta trilogía que data del 2002 es casi una obra maestra, si no fuera por la música de acompañamiento que es disonante y no se compenetra con lo que vemos, más bien achica lo que presenciamos, pero el resto del filme –y es bastante- es una de las mejores películas de acción y crimen de Hong Kong y de la historia del séptimo arte. La trilogía la dirige Wai-Keung Lau (o Andrew Lau) y Alan Mak, los guionistas de la trilogía son Alan Mak y Felix Chong. La primera Infernal Affairs es una película con pocas escenas de acción es más una película neuronal, un entramado complejo de traiciones y salirse con la suya, no ser descubierto, por ende no ir a prisión o morir a manos de los compañeros. El filme trata de 2 topos, 2 infiltrados o espías, un policía en la mafia china, Chen Wing Yan (Tony Leung Chiu-Wai), y un gángster en la policía, el Inspector Lau Kin Ming (Andy Lau).

Los topos desde temprano –muy jóvenes- han pertenecido a sus lugares de vigilancia y ya se han confundido en el lugar, son prácticamente imposibles de identificar, están plenamente infiltrados y aceptados como cualquier otro y más, destacan. La verdadera identidad de Chen Wing Yan sólo la conoce el superintendente Wong Chi Shing (Anthony Wong), lo mismo con Lau Kin Ming, el único que sabe de su identidad real es el jefe mafioso Hon Sam (Eric Tsang). Estos 4 personajes son los pilares de la trilogía. Los 4 están espléndidos en conjunto, pero por algo Tony Leung y Andy Lau son actores tan grandes en el cine oriental. En el caso de Eric Tsang en la primera película está perfecto, es sarcástico, cruel y rudo, en la segunda película donde vemos su crecimiento al gángster que será tiene un papel mucho más suave, muy poco intimidante, más pegado a la simpatía y no es muy genial, pierde mucho atractivo, pero se entiende que fuera antes otra persona, influencia de su relación con su esposa, la bella y sensual Carina Lau como Mary Hon. En la tercera película aparecerá muy poco. Por el lado de Anthony Wong debo decir que empieza muy endeble, medio defectuoso, aun teniendo un gran rol, pero en las siguientes películas se pule totalmente y da una excelente actuación.

El primer Infernal Affairs se torna en el desenlace en un filme furioso en creatividad, amoral, corrupto, con un Andy Lau perverso y muy astuto, pero con una naturalidad impresionante, no hay que caricaturizar o sobredimensionar nada para crear un antagonista tan redondo. La trama es impredecible y llena de vueltas de tuerca por el final. Es un filme que no sigue parámetros de decencia o de finales felices, es ingenio, coherencia y libertad pura. Otra maravilla de la propuesta es el juego del gato y el ratón, tanto la policía como la mafia saben que hay topos en sus filas y a cada topo genio principal se le ha pedido que halle al adversario, por lo que la interacción en pantalla entre Lau y Leung es muy rica, muy inteligente y mantiene el suspenso y la expectativa, es un tira y afloja por descubrirse. La escena del cuerpo cayendo del techo también es una de las grandes escenas del filme, algo edulcorada con la tristeza que ocasiona, pero en la primera Infernal Affairs las muertes son otra maravilla de la propuesta. También hay sentido del humor, como con el locuaz y loco gángster que cree ver policías encubiertos en la calle en gente común. Este pequeño personaje, Keung (Chapman To), tiene una escena memorable –incluida una estética audaz- tras huir de una balacera.

Suma igualmente que Lau Kin Ming (Andy Lau) tiene una vida familiar normal, cálida, y es hasta amable con los otros policías, toda su maldad y traición en un inicio es muy sutil, muy delicada, Lau Kin Ming es un tipo muy racional y calculador. Su compañera la hace Sammi Cheng, y es curioso/ingenioso ver cómo siendo ella escritora hay una proyección de una novela que escribe sobre si es o no su protagonista una buena persona. Esto más tarde le producirá una crisis de identidad a Lau Kin Ming, creyéndose Chen Wing Yan, la parte más extravagante y original de la tercera Infernal Affairs (2003). Lau Kin Ming ahí perderá su fabulosa sangre fría (las mujeres y el amor son determinantes en la trilogía en cuanto a cambiar a las personas), convirtiéndose en un tipo enloquecido, lo que también tiene su riqueza argumental y artística. El personaje de Sammi Cheng es secundario en las acciones directas, es en lo visual una simple compañía, aunque es determinante en la solidez emocional de su novio. En cuanto a Chen Wing Yan (Tony Leung), él se enamora de su psiquiatra, la hermosa Kelly Chen, que también tendrá un rol importante en el devenir de la trama, aunque en sus apariciones en general luzca igual de irrelevante que Sammi Cheng, la que está desperdiciada, aunque el filme funciona igual bien así. Un rol femenino rico en cierta forma es el de Carina Lau en la segunda Infernal Affairs (2003), tiene un papel provocador tanto como criminal como mujer. En la segunda película no participan ni Tony Leung ni Andy Lau, sino sus versiones juveniles (Shawn Yue y Edison Chen respectivamente), y es una precuela. El joven Lau Kin Ming se apasionará por Mary Hon, y mostrará un lado inocente y a su vez nuevamente su lado más perverso.

La segunda Infernal Affairs es un poco enredada, cambia incluso algunas cosas que bajan el listón, presenta a un gángster líder nuevo, Ngai Wing Hau (Francis Ng), que quiere vengar la muerte de su padre, que ha sido traicionado por todo el mundo, hasta la policía está involucrada en su muerte. Ngai Wing Hau –que luce joven, a los 42- trama tremenda venganza, contra un grupo de mafiosos llamados The big four. Esto genera unas escenas de asesinatos que tienen su gracia, pero poco más. Ésta Infernal Affairs recuerda a El Padrino (1972), pero no le llega en absoluto a su inmortalidad como cine y arte. Esta precuela está decente, entretiene, tiene sus buenos momentos, pero tanto la segunda como la tercera película de Infernal Affairs a un punto recuerdan las precuelas de Star Wars. La primera Infernal Affairs y las originales Star Wars son palabras mayores, las otras son rémoras de su grandeza. Pero de todas formas uno es curioso y ante el placer original llegas a apreciar las demás. También hay un mar de diferencia entre las Infernal Affairs siguientes y las precuelas de Star Wars, las Infernal Affairs siguientes tienen más nivel, poseen superiores ideas, que las precuelas de Star Wars. El ascenso de Hon Sam a líder de la mafia contra Ngai Wing Hau no tiene ni por asomo el poder de fascinación de la imagen que engendrará Hon Sam en la primera película, aunque como concesión está decir que el personaje de Ngai Wing Hau está más que aceptable. Lo bueno es que las bandas sonoras se vuelven competentes, suben el nivel a las Infernal Affairs siguientes, lo curioso es que las 3 bandas sonoras son del mismo compositor Chan Kwong-wing.

La tercera Infernal Affairs es más fácil de seguir que la segunda aun siendo compleja, ésta es tanto una precuela como una secuela. En ésta película se unen pequeños cabos, aunque a un punto yo diría que innecesarios, y se agregan “nuevas” cosas. Como en la segunda película en que Ngai Wing Hau “repite” el rol de Hon Sam preparándose/cocinándose el ascenso de éste último como precuela, en la tercera hay otro juego del gato y el ratón, de nuevos topos, pero si bien hay varias líneas narrativas a ese respecto –en la primera también las hay- y la relación de suspenso entre el superintendente Yeung Kam Wing (Leon Lai) y el rol de Andy Lau tiene su entretenimiento y algo de audacia su aporte y alcance en general está muy por debajo de la primera película. El final de la trilogía es un lugar de culpas, un filme que a poco más de la mitad de metraje se vuelve un thriller psicológico, más tarde pierde su corrupción y pone las cosas en el lugar de la ética y lo convencional, con lo cual el filme desciende bastante de nivel, y es que sucede a menudo que la tercera película de las trilogías suelen ser las más malas, aun así el filme logra salvarse un poco. Pero para muestra un botón, aunque ahonda más en la psiquiatra de Chan Wing Yan y a pesar de que en la primera la relación era rauda y ligera –algo cómica- funciona menos. Quien diría que aunque la tercera película mezcla tiempos, los maneja paralelos, posee una estructura compleja, hay mucho mayor entusiasmo y queda más en la memoria situaciones como la introducción de la primera Infernal Affairs cuando Hon Sam proclama su revancha contra la policía frente a su pelotón de jóvenes topos. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Dunkerque (Dunkirk)

El hecho histórico que cuenta el filme del inglés Christopher Nolan es legendario para Inglaterra, la evacuación de 300 mil soldados de la ciudad y puerto de Dunkerque, Francia, rodeados por atrás por el mar y por adelante por los nazis durante la segunda guerra mundial el año 1940. Nolan recoge lo mejor del cine arte y lo convierte en cine popular, gigante, para todo público. Hace de la propuesta una muy artística mediante su estructura de varias visiones protagonistas equivalentes y representativas. Tenemos a un civil (Mark Rylance) yendo a recoger soldados en su barco particular –como muchos otros, movilizados y cuidados a un punto por la famosa Marina Real Británica- junto a 2 muchachos heroicos, a un joven soldado inglés (el novel pero competente Fionn Whitehead) tratando de escapar como puede de Dunkerque, a un piloto (Tom Hardy) de la aviación inglesa protegiendo a los soldados aliados y a los barcos rescatistas y contratacando al enemigo en el aire –a la poderosa Luftwaffe-, y a un jefe naval (Kenneth Branagh) en un muelle observando el desarrollo del rescate y dirigiendo su parte de la operación. Como complemento panorámico tenemos a otro soldado inglés (Harry Styles) buscando escapar pero a toda costa, saltándose si es necesario la moral y sacrificando a algunos otros en el trayecto. Junto a ello también es complemento el soldado salvado (Cillian Murphy) traumado con regresar a la playa de Dunkerque.

El filme cuenta con otra añadidura artística, se trata de que nunca veremos a ningún nazi en persona, a ningún soldado enemigo, sólo se presencia el impacto -y la superioridad- del ataque alemán, con esto Nolan maneja el terror y el suspenso que genera no saber por dónde y en qué momento serán atacados los aliados atascados en la playa. A lo máximo Nolan permite ver sólo los aviones alemanes de la temida Luftwaffe y en una dosis muy medida. En sí el filme concentra puntos y muestra algo significativo, escenas maestras repartidas por aquí y allá que se proyectan hacia algo mayor de la historia universal, con las que hay que armar una imagen integral, más que algo grandilocuente, detallista y recargado.

La obra de Nolan pretende ser emotiva enfocándose en subtramas enriquecidas, moverse en pequeñas historias, un aviador volando y luchando hasta quedarse sin gasolina, un aviador a punto de ahogarse tras hacer valientes rescates, el descontrol que genera el miedo a morir, el estado perpetuo combativo de sobrevivencia. Kenneth Branagh simplifica y contiene todo esto, expone dolor, compasión, frustración y felicidad mediante su expresivo rostro, sus emociones están repartidas por distintos momentos claves de la trama. El filme muestra mucho heroísmo, aunque recurre un poco a lo inverosímil, a lo exagerado. Tom Hardy es como un superhéroe sin poderes sobrenaturales. Pero sus combates y salidas de improviso generan adrenalina y manejan el entusiasmo del espectador. Mark Rylance por su parte aporta el idealismo y coraje del hombre común. En la propuesta hay algo de maldad o negatividad mezclada en soldados aliados tratando de salvarse a sí mismos por sobre el resto, es poco pero existe y es notable, un avance y concesión contra el esquema del blockbuster.

Un tercer trabajo artístico trascendental y definitorio en el presente filme es la banda sonora, el filme se sostiene en buena parte de la música de acompañamiento, esto puede creerse muy común, no suelen faltar en el séptimo arte memorables bandas sonoras que han catapultado (engrandecido) sus propios filmes, pero el trabajo entre Christopher Nolan y el famoso compositor alemán Hans Zimmer es tremenda simbiosis. La propuesta no tiene muchos diálogos, y la música amplifica –hasta crea escenas- y contagia lo que sentimos –nos trasmite estados de ánimo- con Dunkerque, los avatares y altibajos de la sobrevivencia, la espera, la lucha perdida y, por último, un tipo de gloria, simplemente seguir vivo, aunque se haya tratado de escapar no de destruir al rival y en la guerra uno suele creer que casi todo se vale y existe en el filme una mirada sobre la ética en este lugar. No todo el tiempo cae precisa la música, pero cerca de un 80% es pura maravilla bien compenetrada. Películas como Dunkirk (2017) significan la perpetuidad del cine tradicional, del cine apreciado frente a una gran pantalla.