lunes, 25 de junio de 2012

No habrá paz para los malvados


La gran ganadora de los Goya 2012 fue el presente filme que se llevó 6 efigies de bronce del mítico pintor español, en los apartados más importantes como actor principal, guión original, película y director, dentro de 14 nominaciones. El director es Enrique Urbizu que ha sabido hacer una realización entretenida de buenos momentos de acción y continua persecución.  De arranque el escenario está dispuesto pero pronto invoca un giro tras otro, seguridad que denota convicción y se maneja bien en las distintas sub-tramas interrelacionadas.

El cineasta vasco que además es co-guionista del filme, junto con el francés Michel Gaztambide en su tercera intervención mutua, ha enredado un poco la trama –para bien en cuanto a que con ello ha creado un filme intenso del que no se siente el tiempo, y complejo en apariencia, con hartos vaivenes y actividades criminales del jefe, ambiguo y oscuro, y los villanos- metiendo musulmanes radicales con narcotraficantes colombianos con lo que saltándonos cierta ausencia  de necesidad de claridad detallista ha sabido darle suspenso y prolongación justificada a su obra, a lo que en resumidas cuentas se ha podido –y dice más, y más rápido- reducir a esa doble interrogante puntual que ha tenido la buena disposición de facilitarle al espectador.  La fiscal Chacón, bella española de mirada firme y rostro frío, su sonrisa más bien nos saca de cuadro (véase cuando habla por teléfono con su hijo), apunta a su detenido, el policía de secuestros Santos Trinidad (José Coronado) y nos lo resuelve todo de golpe.

El título es sumamente preciso que nos hace entender el conjunto una vez que nos percatamos de qué condiciona al ex -comando antinarcóticos destinado anteriormente a la embajada española en Colombia; unimos cabos y listo, todo está resuelto, ya tenemos el leitmotiv de la película, algo que a alguien como Sylvester Stallone dicen le ha entusiasmado mucho con lo que pretende llevar a cabo el remake americano. Imagino lastimosamente desalentado la debacle al manipular una figura central que está en el limbo en cuanto a bandos y aceptación del público, puedo anteceder que se maquillará la brutalidad, los detonantes y el background de nuestro protagónico, auguro una total mutilación salvo que se quiera transformar el perenne estereotipo que impone una superstar del Hollywood más comercial,  lo que resta dejando en pie el misterio que no creo suficiente ya que se resuelve a medio camino, inteligentemente porque hay una segunda cara que potencia lo anterior.

Es un filme europeo muy acorde con esa libertad que ofrece no contar con actores más importantes que el relato en sí, excusando solo el atrevimiento de aquellos interpretes que buscan los papeles más ricos que se pueden abordar en el séptimo arte, esos que no temen volarle la cabeza a un ser humano mientras corre desarmado para salvarse de la muerte o ese que es apuñalado como un perro callejero, un mortal que no tiene estrella ni encanto, un antihéroe salvaje que calculador sí, frío también y bien entrenado además, no tiene amigos ni ética policial o moral pero si un plan personal capaz de burlar a todos a su alrededor y acabar así con sus blancos, ocultos en negocios sucios, coludidos con narcos, regentando clubs nocturnos, poniendo bombas o comerciando con drogas.

Visto atentamente estamos ante una sacada de vuelta de un arquetipo cultural, el personaje de Santos Trinidad deja una esencia audaz y desmitificadora, para lo que un aire explicito y la necesidad de violencia mismo gore se hacen indispensables. A último momento poco importa quién tiene la razón, quizás nadie, que no sea la de la bella toma en la silla y la pistola flotando sobre algún dedo. 

El filme es un Imperfecto mecanismo sabroso que prolonga la trama sin repetirse y dando escarceos, tensión bien movilizada, aunque haya algunos ratos sobrantes de parte de las pesquisas de la fiscal, una antagonista interesante a un rival mucho mejor que se pasa por encima las pruebas que nos lo describen y entregan como en una escena cómplice de Hitchcock con el público; un asesino que brilla más que cualquiera y con abundante realismo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Prometheus


La nueva cinta de Ridley Scott ha sido uno de los estrenos más esperados del año, llevaba una buena publicidad que logró acaparar la atención, el cineasta inglés decía que iba a ser algo nuevo y que abordaría una de las grandes búsquedas de la humanidad. Ha sido verdad pero también son promesas incompletas las del director de las legendarias Alien (1979) y Blade Runner (1982), que lo sindican como un maestro del sci fi aunque algo dormido tras estos éxitos.

Nos dio algo reciente aunque no muy novedoso que nos remite a una etapa anterior a la del octavo pasajero tocando sutilmente los antecedentes del monstruo alienígena. Tampoco resolvió mucho en lo central -a lo que nos dispuso- ni tanteando ni presentado ninguna hipótesis en la trama. Lo que sí logró es mantener la tensión en la primera parte del filme en que nos hallamos en un planeta desconocido que ha enviado señales que pueden responder a la grandes preguntas de para qué existimos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, conociendo a nuestro creadores, en la cinta denominados como los ingenieros.

La trama remite al descenso de un espacio extraño que pronto empieza a ser un lugar temible y amenazador para la que se considera una expedición pacífica de reconocimiento e investigación financiada con capitales privados de un mecenas que acaba de morir, Peter Weyland (Guy Pearce, irreconocible bajo tanto maquillaje, una figura visualmente recargada y de aspecto falso) que dejó todo a cargo de la dura y absorbente Meredith Vickers (Charlize Theron) junto con su sirviente el autómata David (Michael Fassbender), una vez que quedó fascinado con las teorías de una pareja de científicos, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall Green, actor americano poco conocido que predomina en la primera parte de la realización).

El filme es atractivo en cuanto a la curiosidad que va despertando, desarrollado con mucha inteligencia y que denota obvia experiencia del director que pone cada encuentro como si de una clase de arqueología espacial se tratara, la cueva en la que se introducen es misteriosa y tiene elementos que van entendiéndose, generando dudas, emociones, desencadenando circunstancias que van poniendo la nota de terror fantástico en el ambiente  y anticipan un clímax que nos llevará a un desenlace céntrico y reparador si bien se compone de varios ratos de estupefacción o lucha que lleva un ritmo constante de sacar un novedad más cada cierto tiempo que inevitablemente u adrede va bajo lo que hila/oculta el mundo de Alien repitiendo ideas muy bien tratadas, una autopsia, una inoculación y un space killer, éste último el trasunto o germen que da base y sentido a lo que estamos presenciando.

Vuelven las constantes de Scott como en la mayoría de autores que llevan una cosmovisión única procesada, una marca de casa, y en realidad ya de todos en el género del horror mezclado con la ciencia ficción, pero agregando a ésta realización algunas razones filosóficas y literarias, preguntas sobre todo, que quedan rondando por debajo de la acción que lo aborda todo a manera de imán para el espectador, aunque solo se atreve ante la particular interrogante de ¿por qué nos odian? en el enfrentamiento de los padres con los hijos y en relación a la motivación de los actos de ambos, una audacia del cineasta británico en otro nivel que se plantea interesante en la convivencia social e incluso del arte, pero yendo al meollo del asunto que compete al filme se pueden hallar contundentes respuestas entorno a ésta inquietud desconcertante y es que parte del secreto de la expedición justifica ese deseo de aniquilación, el ser humano es tantas veces un monstruo al que no le importa nada si tiene algo que quiere. No solo eso, sino porque puede, se adapta fácilmente de uno de los diálogos de David con un desenfadado Holloway que habla con toda franqueza y sencillez cuando el robot hace una comparación entre a que se debe su invención y la del hombre. También principalmente porque la humanidad busca ser su propio dios como en la mitología griega en que el titán Prometeo buscaba equiparar a los hombres con Zeus a quien engaño en varias oportunidades como en el robo del fuego que es como entregar la sabiduría ancestral al control humano, y que es el nombre de la nave espacial que articula el periplo de la aventura.

Un holograma es el disparador oficial de lo que se viene y se van dando descubrimientos, superficiales pero atrayentes que van creando un contexto que empieza a agregar datos que vamos hilando sobre qué pasa en éste lugar que esconde secretos que pueden ocasionar la destrucción de nuestro planeta. Algo se agazapa en la oscuridad y estamos por conocerlo. Las expectativas van disminuyendo a medida de que evoluciona el metraje y más es meterse en sucesos que solo distraen perdiéndose ese especial entusiasmo por algo interesantemente oscuro en pos de ser develado que antecedía como promesa. Vemos esas cápsulas que nos recuerdan a la incubación del alien pero efectivamente se van dando otras “novedades” pero pequeñas, relativamente repetidas, muy acordes con disponerse para un videojuego, lo cual está perfecto en dicha dirección porque es un filme entretenido, despierto.

Rapace es nuestra actual Ripley que es menos combativa pero aún eficiente, destila una cierta sensibilidad y delicadeza aunque puede ser fuerte, debe serlo que es básico en su interpretación que de no ser así no la hubieran escogido. No es tan carismática e impresionante como la caracterización de Sigourney Weaver pero termina funcionando. La mejor de sus intervenciones se da cuando se auto-practica una cirugía que junto con la inmolación del capitán y algunos tripulantes destaca de lo que vemos en la película, generando adrenalina en la primera tanto como épica emoción en la segunda que es lo antagónico de una secuencia en que una transformación crea un ataque frontal a poco de una rociada salvaje de fuego con un lanzallamas, ésta parte del filme aunque encaja parece estar demás siendo la mala resolución de una expectativa. La  actriz sueca contrasta para bien entre lucir pequeña y normal con la actividad a la que debe acometer; cuando dice ya no puedo más se hace muy verosímil, da la sensación de estar enfrentando algo muy superior y eso agrega porque sobredimensiona lo que hay, sin increíblemente ser incoherente al resolverlo (punto a favor que ayuda al mismo Scott en cuanto a los rivales).  

Theron esta vez luce en cierto grado forzada para dar la cara de una mujer fría que quiere subyugar al grupo; esto quizás porque se le quiere en el guión de intrascendente y esquemática siendo muy propio su valor de ese final de para que no moleste más. Fassbender, el personaje más rico del conjunto y el otro sostén de la película sobresale en su actuación sin tampoco reventarle bombos y platillos, pero sí da la talla como protagonista indispensable, gracias a que se le emplea como el que se mueve en las sombras y va generando el movimiento que requiere el filme; a un plano el planeta y su enigma, al lado el autómata.

Prometheus respeta el legado que comenzó Scott, razonablemente porque Alien es una obra maestra y el concepto que reúne las cuatro son palabras mayores. Puede verse como algo independiente siendo un filme menor dentro del sci fi, o ser encuadrada como un complemento de la saga ganando la eternidad para los fanáticos. Un quinteto entonces. Que así sea.

lunes, 18 de junio de 2012

Gladiador


  
Gladiador
Escrito por Mario Salazar 

El gladiador bate su espada al público enardecido
Lo insita a que vea su valiente movimiento
Sale el otro guerrero y a este lo descuartiza de un par de cortes
Su sangre esta en todo su cuerpo libre del oprobio del asesino
Osado para pelear en el coliseo de las almas desalmadas
Sus retos son diarios matando en la arena
Puede perder la vida en un error de su hábil herramienta
Espada que hunde en pechos de carne quitando la existencia
Es su acero su mejor defensa frente al mundo que le ha tocado vivir
El saludo imperial designa su accionar que viva o que a de morir
El oponente más débil que ha de migrar muerto al grito de la estocada final
Su casco y su espada no hay más que juzgar
Esta ahí para matar sin pecado, sin maldad
Entrenado en el ardid de degollar, atravesar y mutilar
Las palmas del enardecido escenario teatro de realidad
Arrastras la espada y te vas a descansar
Esperando el nuevo día que vas a salir a matar
Guerrero que pones tu vida en juego sin felicidad o infelicidad
A morir o ha matar desprovisto de consciencia solo de habilidad
El polvo de tus sandalias has de quitar
Para correr unos pasos y ponerte a luchar.

viernes, 15 de junio de 2012

Blackthorn


Un filme que compitió por varios puestos en los últimos Premios Goya es éste western que imagina al bandolero legendario Butch Cassidy aún con vida escondido ya viejo bajo otro nombre en Bolivia. Dirige el cineasta español Mateo Gil en su segundo largometraje de ficción, quien cuenta con el prestigio de haber sido el guionista en toda la destacada filmografía de su compatriota Alejandro Amenábar (menos en Los Otros, una producción cinematográfica de sociedad americana), haber ganado 3 Goyas por dicha labor y uno por un corto de su autoría. La película que tratamos ganó 4 efigies de Goya de 11 nominaciones.

Tenemos a Sam Shepard fungiendo de Cassidy, al que lo reviste de nobleza más no de salvajismo, sobrellevando una amigable figura que se aproxima al espectador como uno de esos héroes característicos de los western, sin embargo se ha de resaltar que la película no busca ser la típica historia del oeste aunque claramente cubre toda forma esencial, se adscribe tranquilamente a su idiosincrasia pero trae una más exigente perspectiva, una audaz que no crea combativos antagonistas ni retos de mayor velocidad con el arma, sino que nos pone una inteligente historia que es más una sorpresa final, digna de un alegato de honor y honradez, la última aventura de un forajido amigo del pueblo y que avejentado aun guarda algo de fiereza pero no impresionante sino más clásica del que se arriesga a flirtear nuevamente con la ley del más fuerte pero en otra categoría , una de supervivencia ante la juventud de sus enemigos, de preferir la huida al choque, de hacerse con un dinero para cumplir metas, en Cassidy es viajar a Estados Unidos a ver a su sobrino e hijo de su entrañable amigo Sundance.

El contexto es que un ingeniero y también cowboy de origen hispano roba un dinero a unos propietarios de una mina y al estar indefenso –sin caballo y deshidratado a puertas de la muerte- perseguido en el páramo boliviano trata de sacar ventaja de James Blackthorn, el actual sobrenombre de Butch Cassidy, un asunto lleva a otro e inmediatamente (un pequeño defecto es ese desarrollo tan raudo) se vuelven socios decidiéndose a ayudarse mutuamente a favor de disfrutar de ese magnífico hurto multimillonario, para lo que antes deben escapar de quienes esperan recuperar lo que se han llevado.  Y ahí está un punto resaltante de la trama, no son tan importantes estos que vienen detrás (no físicamente que sí en otro nivel mental), aunque hay un intercambio de fuego que no es tan convincente, un acuchillamiento luce como una clase de efectos especiales de cine barato y no solo eso sino la escena en mención la hemos visto incontables veces en la gran pantalla, no obstante la toma de Blackthorn empuñando su rifle con el fondo del paisaje desértico bien hace gala de esos dos merecidos premios de fotografía y dirección artística que obtuvo el filme en los Goya.

Las dos escenas de violencia de la realización resultan trascendentes e ingeniosas dentro del entendimiento de la historia pero no visualmente, no es un western que valga por su intensidad escénica –no hay emociones viscerales sobresalientes de orden primario pero excitantes-  aunque lo intenta, quizás por cumplir o mejor dicho para darse mayor alcance conceptual y bajo esas características es loable porque funciona, y es que cierra perfectamente el círculo con una muy clara realización propia de alguien muy racional.

Cada personaje juega un papel decisivo, Eduardo Apodaca, el guapo y popular algo infravalorado Eduardo Noriega, es compañero y reverso del principal en las correrías; Yana, la peruana Magaly Solier que apenas sale pone la nota sentimental y autóctona que ayuda a la imagen del gringo comprometido con Bolivia (un gusto ver hablar español a un anglosajón además), y por último está Mackinley (Stephen Rea), el oficial de la ley americana que sirve de llamado de atención a Cassidy.

Otra parte del formato cinematográfico presente es el del pasado, bajo flashbacks donde están tres actores internacionales que son categorizados en el séptimo arte como por lo general secundarios con alguna cinta interesante, el danés Nikolaj Coster Waldau y los irlandeses Padraic Delaney y Dominique McElligott, los jóvenes Cassidy , Sundance y su mujer Etta respectivamente, algo que nos recuerda quien es realmente Blackthorn, el relieve de la historia sino se reduce a algo inferior, aunque la personalidad de éste se hace en el filme y en el trance de la última aventura, lo vemos a Cassidy cantando por buen rato bajo la voz en off en plena  cabalgata distante o siendo dulce en una carta para su sobrino. Empero fuera de ser recuerdos necesarios solo sirven de aporte correcto, no generan nada de valor agregado a lo histórico en el ecran siendo algo funcional y explicativo, casi podrían pasar desapercibidos, tampoco los rostros se nos dibujan en la mente aunque den la nota curiosa, pasaran sin pena ni gloria definitivamente si bien nadie hace ninguna actuación descollante, hay un tono humilde en general aunque Rea haga de borracho que es algo que se pega a la memoria.

Ésta nueva película de Butch Cassidy transmutada a un tipo autodenominado Blackthorn, nombre que se aplica en la traducción debido a una vida difícil, se ciñe a la característica de que era el cerebro de su banda o en los atracos con Sundance, más que de rápido gatillo solía aplicar la inteligencia y sobre esto versa el concepto total de la realización.

lunes, 11 de junio de 2012

Arrugas


Nos abocamos a otra novela gráfica llevada al cine, ganadora de los Goya 2012 por animación y guión adaptado, perteneciente a Paco Roca, dirigida por Ignacio Ferreras. Es la historia de Emilio que llega a un asilo de ancianos con posibles problemas mentales y empieza su nueva vida  como en un primer día de clases, pero temiendo ser llevado al piso de arriba donde están los viejos de avanzada enfermedad, una especie de limbo del olvido y la indiferencia, situación que está muy próxima ya que tiene Alzheimer. Conoce a Miguel, un avispado y aprovechado anciano de origen argentino que estrechará fuertes vínculos de amistad. La trama vuela sobre esas dos personalidades, una disciplinada existencia menoscabada por los cambios de la edad y otra robusta, desconfiada y a la defensiva.

Desconcierta la situación de Emilio y la del instituto en general, que no se trata de maltrato, ser viejo se convierte en un lugar que se describe en el mundo de la decrepitud solo para comer, dormir y cagar, una monótona falta de intensidad que los recluye en medio de la nada, aunque en el interior muchos guarden el deseo de sentir emociones, de seguir conteniendo vivencias como nadar en una piscina servida solo de ornamento o salir a pasear en auto a la calle cuando no hay permiso, simplezas que se hacen añoradas encerrados tras cuatro paredes cargando sus deficiencias, su taras y su decaimiento físico como mental, sin embargo afligidos por la impotencia de lo inevitable aspirando a ejercer alguna libertad o recubiertos de sueños e imaginación como la mujer que cree estar en el expreso de oriente, nos dan un llamado de atención; dedicado a los ancianos de hoy,  a los de mañana, es decir para todos nosotros que pasaremos por ésta etapa.

Emilio influirá con su caso y amistad en Miguel dándole una vista más humana, despertando el compañerismo y la ayuda del prójimo, un ver por lo demás a los que se les deja de lado, en la trama a todas esas personas que atraviesan el difícil trance de la vejez, repitiendo mecánicamente lo que dicen los demás, temiendo ser secuestrados por los extraterrestres, creyéndose en un tren de primera clase, solitarios sintiéndose una carga, no sabiendo cuidar a un perro pero queriendo tener alguno, perdiéndose en la enfermedad, en la ausencia de cuidados personalizados más que de trabajo, de cariño que necesitan, como en el ejemplo de la mujer que atiende a su esposo con Alzheimer extendido que parece no reconocer a nadie pero ella lo protege y le ama sin importarle lo que diga la ciencia.  

Es un golpe realista el que presenciamos en el filme, una historieta que no vale tanto por sus ilustraciones en pantalla, que son correctas pero poco atractivas en cuanto a arte, bastante llanas, poco modernas y con un color opaco, pegadas a asumir el relato más que todo y ahí yace su poder, porque lo que se nos cuenta es importante, descrito desde la anécdota pero ejemplificado con inteligencia para notar que el final de nuestros días no puede ser tan cruel, que el pasado -viendo esos flashbacks que percibimos en el ecran- merece una retribución y continuidad, que no se debe temer envejecer ni caer en un aislamiento feroz sino como en el desenlace tener y crear esperanza, un ambiente de amor y compartir, para lo que se necesita entrega e identificación, algo coherente ya que efectivamente seremos todos viejos en algún momento. Además porque el filme duele, porque no podemos ser tratados así con desdén u solo obligación, ni comportarnos como Miguel, decepcionados del mundo y nuestra humanidad; la vejez no debe seguir sus palabras, no puede ser tan desastrosa ni injusta tras una  larga memoria familiar, experiencia vivencial y tanto trabajo sino una nueva realidad que confía, que apoya, que aligera, que facilita sueños todavía, que aspira también a la felicidad.

El filme es muy rico en reflexión con un acento ligero y hasta dramático que se remilga en varias oportunidades empero sin caer en la vacuidad o en el efectismo total que malogre la idea central, siendo aunque algo falto de creatividad en ese aspecto, necesario para invocar ese dolor existencial de la edad, ese decaimiento y esa soledad, teniendo algunos momentos no del todo convincentes por verse notoriamente sentimentales pero que en conjunto  y en esencia llegan a puerto, la superficie sirve también a pesar de ese cierto aire flagrante porque no se puede evitar entenderlo aún en su forma más directa; conmueve el espíritu taciturno de un Emilio desorientado, y es por eso que Miguel en  contraposición, un hombre fuerte y que no queda en la sola emotividad sino en la acción, surge como vehículo de cambios, decidiéndose a solventar el compañerismo y la fe, pero previamente necesitando de ese intercambio que le proporciona un entristecido Emilio, que va hacia el abismo, fabricando con su nobleza y su sufrimiento una enseñanza que no solo quiere trasmitir llanto al espectador sino una salida.   

Es un filme convencional pero muy bien desarrollado, maduro en la temática que trata y en sus discretos dibujos pero suave a fin de cuentas en cuanto a su tono  a pesar de que llega  a cumplir su misión que es sensibilizarnos y abrirnos los ojos; su visualidad no resulta compleja sino afable, familiar y es que opta por ser una animación diáfana, accesible que pone sus cartas sobre el fondo, repitiendo el mensaje hasta hacerlo muy concreto, creando una atmosfera dura pero no definitiva que tiene sus bocanadas de oxigeno y quiere volverlas predominantes por encima de ese dolor inevitable al que se enfrenta, poniendo antagonistas pero que son complementarios, recurriendo a una sustancia, la amistad y el vinculo afectivo que nace de ello, una levantada de oreja no solo para hijos o nietos sino para cada ser humano que comprenda de que no es únicamente una obra de ficción sino una sugerencia y un acercamiento a nosotros mismos con las características descritas que juegan a favor porque aun –o quizás por eso- escogido un tipo de voz menos oscura llega exitosamente a su meta: nuestro corazón. 

lunes, 4 de junio de 2012

Alois Nebel


Muchos analistas y críticos daban como elección fija a éste filme de animación para las cinco candidatas a los Oscars 2012, sin embargo el primer largometraje de Tomás Lunák se quedó fuera; una realización de apariencia compleja pero que se resume en un motivo sencillo, la venganza, tras la muerte y el abuso para con los alemanes tras la segunda guerra mundial en Polonia.

Nos instauraremos en el constante recuerdo de nuestro protagónico, Alois Nebel, un maquinista solitario y taciturno, que nos develará la relación que lo vincula con un tipo misterioso conocido como el mudo, en el contexto subordinado al control ruso, a la vez que busca entablar una relación afectiva con una viuda de la estación en que trabaja.

No parece una historia muy atrapante poniéndolo en términos específicos pero éste filme proveniente de República Checa cuenta con la técnica de rotoscopiado que se basa en animación sobre actuaciones reales, lo cual le da a las ilustraciones un cariz muy realista notando que los movimientos se revisten de grave autenticidad.  Además se perenniza en blanco y negro dándole un sentimiento muy acorde con la dureza del medio; lleva una frialdad que envuelve el producto de una madurez conceptual muy digna del arte de la novela gráfica que está destinada a un público exigente y adulto.  Se basa en la obra del checo Jaroslav Rudis.

Vemos que la creatividad de la novela gráfica se adapta muy bien al séptimo arte como un storyboard o guión visual y no sorprende ver la naturalidad de su éxito. Es en pocas palabras dar motricidad a lo que ya tiene forma pero no es nada espectacular sino sosegado como una historia que quiere ser también intelectual y no solo entretenimiento.

Otro detalle para tener en cuenta es que estamos ante una trama muy breve en cuanto a explicaciones necesitando agarrar  cada información destinada en un punto sino no llegaremos a comprender el conjunto, hay una sensación de ambigüedad y vacío que reviste los dibujos de un semblante oscuro pero cumple si prestamos atención como detrás de una investigación que requiere sagacidad. No admite distracción pero tampoco hay que dejarse impresionar por la intención sino regodearnos en su pretensión de dar un producto de calidad haciendo más arduo el comprender –el sabor de un poco de esfuerzo- pero no cae en la incoherencia o en la ausencia de respuestas centrales.

Entendida la idea de convertir el filme en algo difícil para el espectador, creando un engrandecimiento de lo que podría ser menor y básico, para lo que las imágenes se vuelven importantes para crear no solo una atmósfera sino prolongar sin redundar y dar el aspecto de estar necesitando saber más, se dosifica y se distribuye una estructura que implica diferentes tiempos en juego que giran en torno  a Nebel que vive en el misterio a pesar de ser un ente pasivo, débil, primario que está atado a un suceso de su niñez. Un hombre mayor que representa tópicamente alguien bondadoso pero incapaz de generar nada.

Estamos sometidos al invierno, a los trenes, a un régimen militar y en esos tres cuadrantes atendemos a la personalidad y existencia de un maquinista que vuelve a su memoria. Lleva el filme una sugerencia interpretativa que viene de una cierta filosofía de elipsis. El hombre del tatuaje en la mano se pliega al odio, al amor, a ambos y tiene remordimientos. Existe una división entre los que se cubren la espalda y los que no ven nacionalidades aun siendo de la misma “familia”. Nebel tiene consciencia aunque sin atenerse a consecuencias ya que solo rueda sea hacia el sanatorio mental, su puesto de trabajo o hacia dormir en una banca, empero oculta una postura, es un antihéroe sin carisma, un pobre diablo a fin de cuentas que solo se permite una libertad callando y mirando, incluso atisba la muerte con resignación, solo el amor lo llena finalmente de resolución.

Una historia seca y lúgubre en todo aspecto que lleva un continuo flashback que de a pocos lo completamos, la niebla, la estación del tren, una mujer con un bebe en brazos, un asesinato y el olvido que no llega salvo con la muerte cerrando el círculo. Una próspera manera de contar exprimiendo y repartiendo algo pequeño en un síntoma de alucinaciones y la expectativa de querer resolver las pistas que se van otorgando.