lunes, 19 de febrero de 2018

Dios y el Diablo en la Tierra del Sol, Tierra en Trance y Antonio Das Mortes



Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964)

Ésta es la obra más aclamada y famosa del brasileño Glauber Rocha, la figura mayor del movimiento llamado cinema novo. Es la película más narrativa, más clásica y más clara de ésta trilogía, también la más potente y entretenida, cargada de folclore brasileño, historia nacional y mística popular. Hay varias figuras claves y representativas en su trama, figuras que hablan también de cine social y lucha de clases, pero que se adscriben a contar una historia ficcionalizada con cierto background real, apoyada de una estética y un estilo muy personal, no sólo por el típico blanco y negro. 

En un lugar llamado el monte santo un hombre se autoproclama santo y lo siguen fielmente, dan la vida por él, el pueblo le tiene fe a detrimento de la religión oficial con la que yace separado y repudiado. Sebastián (Lidio Silva) es éste santo de descendientes africanos. Un vaquero común, pobre, llamado Manuel (Geraldo Del Rey), exige justicia, la que la ley oficial le niega, porque es una ley que está al servicio de los terratenientes, entonces va en busca de Sebastián, a quien cree la justicia. Sebastián es un tipo extraño y a ratos cruel y violento. Éste maestro popular depara grandes escenas, llenas de esa fiesta y locura típica de carnaval brasileño; como cierta penitencia con una enorme piedra y después un doble crimen –ocasionado por un simbólico pueblo- en busca de la destrucción de ésta fe marginal.   

Todos los protagonistas de ésta película son ambiguos, tienen crímenes en su haber o hacen cosas perversas, a veces obligados por las circunstancias, pero finalmente todos son como llaman al vaquero Manuel, satanases. Antonio Das Mortes (Mauricio do Valle) es un cazarrecompensas, un matador de cangaceiros. Los cangaceiros son bandoleros de espíritu revolucionario identificados con el pueblo, pero que le dan una mala imagen, son perseguidos por el ejército y el gobierno, están en su última época (los 30s), luego los desaparecieron.

Antonio vive sintiéndose culpable por quién es y qué hace, pero es el único sentido de su existencia, matar cangaceiros, pero su trabajo lo obliga a trabajar para terratenientes y enfrentar al pueblo, que convive con estos bandoleros y santos ambiguos, pero es un pueblo a los que se les ilustra indefensos, constantemente maltratados, sojuzgados, hambrientos, pacifistas. Antonio es un antihéroe, y tiene su mítica de cowboy, en un mundo perdido. Este mundo es el sertón, tierra casi desértica.  

Corisco (Othon Bastos), es el cangaceiro de la historia, el número uno tras el más famoso cangaceiro de todos, Virgulino (alias Lampiao), de quien sólo se habla, pero se le menciona bastante, también se canta sobre su nombre y leyenda. Se oye por la voz admirativa de Corisco y el afán asesino de Antonio Das Mortes. Corisco es un extremista, un salvaje, un hombre que vive de la violencia. Es un tipo mujeriego y ladrón, pero también es un tipo con folclore y mítica; representa a los grandes bandoleros históricos. Tendrá que enfrentar a Antonio Das Mortes, dejando ver que tiene el filme un romance con ambos, lo cual se hace muy interesante, en una propuesta que ensalza en toda épica a sus protagonistas.

Es importante también la banda sonora, original y representativa de la película y que ayuda a contar la historia sin fastidiar, sin exagerar su presencia, sin asumirse una carencia visual  o una sustitución, aunque es notorio que el filme no recurre a un gran presupuesto. Genera mayor presencia en los protagonistas y en como contar la historia. Hay un estilo particular de canto.

Aparte de la búsqueda del hombre humilde y maltratado, por algún tipo de justicia, de un líder y guía salvador, escarbando en el propio pueblo, se ve mucho el rechazo y abandono a la mujer, que en Rosa (Yoná Magalhaes) se repite una y otra vez, obligándola a actuar, corrompiéndola. También está la búsqueda de la fe y de la paz interna al caer en la violencia, como en la historia del mar como si fuera el cielo.

Tierra en Trance (1967)

Ésta película es muy política, impresionantemente frontal y audaz, no esconde en absoluto su deseo de denuncia del abuso y mediocridad del poder, tiene un potente cine social, inteligente, que abarca toda arista, inclusive cree algo idiotas a los votantes, pero más es una crítica a la pasividad, desechando el sobrenombre de extremistas.

Posee una composición compleja, los tiempos de los sucesos están mezclados y puestos muy libremente y se hace algo complicado de seguirles, pero yacen en una estructura coherente. De forma directa el filme se defiende del señalamiento de ser una simple propaganda, y aunque tiene infaltables lugares comunes aduce -y tiene razón- ser más bien un cine de ideas, de defensas sociales y críticas racionales y argumentadas, quitando que ciertamente tiene un cierto mensaje extremista y algo belicoso.   

En el filme vemos a dos tipos de políticos, uno de izquierda, otro de derecha, uno populista y demagogo, otro empresarial, mercantil, religioso, manipulador a través de los medios de comunicación, pero los dos o son mentirosos o cobardes –en principios- o aprovechados. Postulan primero a gobernadores, luego a presidentes. Yacen en el lugar ficticio de El Dorado. Nuestro héroe social es un periodista idealista y poeta llamado Paulo Martins (Jardel Filho), quien trabajará con ambos políticos, Porfirio Diaz (Paulo Autran) y Felipe Vieira (José Lewgoy).

El filme con su protagonista hace un recorrido por las campañas de ambos políticos, en principio Paulo seguirá a Porfirio Diaz como a un mentor, luego pasará a ser parte de las filas del izquierdista Vieira. Paulo tendrá -como el Manuel de la anterior película- la influencia final de su pareja, de tendencia social, que igualmente terminará en la soledad como en aquella predecesora carrera desesperada, poderosa y furiosa hacia el mar. Antes, Paulo desencantado de la política llevará una vida bohemia, tendrá mucho sexo, con mujeres hermosas y liberales. Pensemos que Brasil es un país muy sensual y erótico, como también uno de lucha social.  

Antonio Das Mortes (1969)

La tercera y última película de la trilogía es una continuación notoria de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964), Tierra en Trance parece que no tuviera mucha relación con ellas o fuera una película independiente de las otras dos, y esto se nota tanto que hasta repite muchos lugares de la primera y hasta se repite a sí misma en demasía o prolonga momentos sin mucho suspenso, le falla además exagerar cosas pasadas de la primera como la banda sonora de mismos rasgos sonoros y hasta letras, pero que llega a ser molestosa de lo ubicua que es.

Como anuncia el título se enfoca en Antonio Das Mortes (Maurício do Valle), que presentará su redención, al poco de ver que el pueblo necesita de la comida y las tierras de unos insensibles terratenientes que solo quieren llenarse de dinero. Antonio enfrentará al fantasma de los cangaceiros que tanta pasión y culpa le provocaban, en uno nuevo, del que duda, y es propio de una decadencia de su especie, el cangaceiro Coirana (Lorival Pariz), al que enfrentará con facón –cuchillo de trabajo o de pelea-  en una lucha típica, con un pañuelo agarrado a un lado y a otro por sus bocas. Luego Antonio también luchará con otro asesino a sueldo, Mata Vaca.

Hay personajes estrafalarios, como el coronel Horacio y un profesor borracho que se ríe de todo y para buscando revolcarse –literal- con Laura, una mujer ajena y de la vida, que dan un toque lúdico y curioso al producto, provocando uno escenas berrinchudas y el otro poco sentido narrativo, pero teniendo en cuenta que pasan por el tamiz de lo popular. El jefe de policía Mattos también tiene un aire a caricatura y exageración, sólo Antonio Das Mortes y su clásica canción se mantienen en el movimiento lento y calmado, esperando entrar en acción, como con aquel tiroteo final, en una propuesta que lleva de western tradicional, folclórico y moderno, en un filme que ocurre 29 años después de la primera película de la trilogía.

Este es un filme que es más un pequeño divertimento, no le falta cierta gracia, aunque es como una pequeña versión de la magnífica Dios y el Diablo en la Tierra del Sol. El otro título con el que se le conoce es El dragón de maldad contra el santo guerrero, nombres y significados que se mencionaban en la primera película, y que aluden a San Jorge y su mito, un santo cristiano hoy muy popular en Brasil, en el que prácticamente se convertirá Antonio Das Mortes, asumiéndose en pleno la mirada híbrida de lo popular, lo histórico y la fe.

viernes, 16 de febrero de 2018

El aficionado (Amator)


Un hombre de familia y vida humilde, Filip Mosz (Jerzy Stuhr), junta sus ahorros y compra una pequeña cámara de cine, quiere filmar a su hija recién nacida. En poco tiempo el asunto cambia de intención, empieza a entusiasmarse con la cámara y a hacer películas, los demás también se entusiasman, el cine es una fuente de emociones instantáneas. Filip desarrolla una afición que como él mismo dice le da sentido, pero a su mujer le molesta su pasatiempo y su apasionamiento. Filip desarrolla una carrera alterna y toma rumbo social.

El filme del polaco Krzysztof Kieslowski es muy sutil en enfocarse en la responsabilidad que otorga hacer una película, para el caso documentales sociales o de denuncia. Lo que filmas sale del estado privado e íntimo a algo público, digamos que pierde su candor. Un amigo y jefe de trabajo le dice a Filip que su labor cinematográfica le traerá mucha satisfacción, pero también un poco de culpa y generará beneficio como algún perjuicio.

Pilip es un tipo de espíritu mujeriego y deseoso -como todos- de que le den importancia. Su antigua vida familiar, pacífica y anodina, la que representaba su mujer, Irka (Malgorzata Zabkowska), ya no le llena. La cámara le trae popularidad y entusiasmo de la gente de la calle, de la gente de su barrio y de afuera. Aunque Pilip es amateur y lo que hace se ve simple, todo el mundo reacciona como si fuera un director consagrado o estuviera haciendo una gran obra. Quizá Kieslowski ironiza un poco, de manera muy discreta. Pero también genera soportes reales, como el festival de cine amateur. Pilip va tomando vuelo.

El filme es también toda la revolución que ocasiona hacer cine, se dice que el cine quiere generar un impacto, una transformación, pero la consecuencia real suele ser mínima. Sin embargo, en esta propuesta el impacto es grande. La gente toma mucha importancia a los documentales sociales de Pilip, se despide gente, se cierran y abren lugares, se cambian los lugares de inversión, se genera una imagen social empresarial. En el filme toma mucha importancia la empresa donde trabaja Pilip, que está muy receptiva a sus películas.

Amator (1979) tiene una narrativa de esas que parecen contar las cosas transversalmente, porque como que todo es muy pequeño, sencillo y discreto. Ciertamente es una película inteligente que ausculta la propia profesión, sin exageraciones ni polémicas ni satirizar nada. Kieslowski es un cineasta con un humor sumamente fino, con una audacia controlada, en su punto, es un cineasta culto, pero a la vez dueño de un cine amable y cotidiano.  

Finalmente la película parece centrarse en escoger entre la paz y la tranquilidad de una vida humilde sin estridencia alguna –monótona quizá- o una vida de aventuras, muchas caídas, soledades, viajes, iras y grandes entusiasmos –lo impredecible-. Lo curioso es que muchos dirán que la opción inmediata es la segunda, como que así es la vida en sí y además la mayoría en realidad así la prefiere, pero, desde luego, en el éxito y lo rutilante, y lo otro –además- es el anhelo general que nunca llega a concebirse por mucho tiempo (la paz prolongada prácticamente es una utopía). Pero el filme de Kieslowski pone las cosas de tal forma –sin ser barato y subrayado- que Pilip siente el embate de aferrarse a su nueva vida. Lo “pequeño” le cobra factura, eso que uno llama anodino –y el propio Pilip minimiza y deja en segundo plano- presenta mucha dignidad, y se da su lugar, un lugar que reorganiza nuestras prioridades y sentidos sin ser en el trayecto inocente o característico de la ilusión de la buena voluntad.

Good manners (As Boas Maneiras)


Todo empieza como una película de cine social, una mujer pobre de color (Isabél Zuaa) sin un buen currículo se presenta a trabajar donde una mujer joven con dinero (Marjorie Estiano). La dueña es exigente y fácilmente la rechaza, pero por un momento de esos repentinos ella cambia de idea, ve su potencial práctico. Es contratada y demuestra que es muy competente, comprometida y sensible. La mujer dueña de la casa, Ana, tiene una enfermedad y es sonámbula. Esto traerá la curiosidad de que la película de los brasileños Marco Dutra y Juliana Rojas es una película de cine fantástico y de terror, aportando mucha imaginación.

Una parte es como cualquier película dramática, una mujer, la empleada de Ana, Clara, tiene un niño que cuidar, pero no es cualquier niño, tiene que hacer uso de su ingenio para que éste no deje salir a la bestia que lleva dentro. El filme sería común sin ésta parte, además de que en algunos momentos los efectos son austeros y la propia historia muy sosegada. En la parte fantástica hay creatividad, la manera de combinar una historia sencilla de cotidianidad entre madre soltera e hijo y una de monstruos clásicos tiene distinción, sumando que el cine fantástico latinoamericano aun no es muy prolijo o abundante.

Los momentos fantásticos están dosificados, no son muchos, pero cuando llegan generan suma atención y espectáculo. Es como presenciar dos películas en una, que van cediéndose la posta en las dos horas de metraje, una de género, intensa, emocionante, llamativa, propia del entretenimiento, y otra de cine indie, de cosas mínimas, comunes y donde no pasa nada extraordinario. En el filme entra a tallar mucho las relaciones humanas, se sostiene de ellas, como en la parte indie de una relación homosexual.

Los vínculos son muy importantes, generan una sensibilidad especial, que en el filme está muy bien tratada, como cuando Clara tiene que decidir entre su humanidad y caridad y la indiferencia por la fealdad del mundo y el miedo a la violencia. En el filme Clara siempre está dispuesta al sacrificio, a la responsabilidad especial. En esto hay mucho tratamiento, es parte central de originalidad. No hay que esperar una justificación de origen seria (sobre lo fantástico), un filme de género se vale más del movimiento de sus fichas. Es una película que no tiene tanto de terror, es más cine fantástico. Sabe combinar música pop brasileña con memorias románticas, puedes ver el loable maridaje entre cine comercial y cine arte, como de buenos resultados teniendo un presupuesto pequeño. Exige un poco de paciencia, no es cine de género frenético, pero exhibe una construcción hibrida interesante.

martes, 13 de febrero de 2018

El loco del pelo rojo (Lust for Life)


Película de Vincente Minnelli, sobre la vida de Vincent van Gogh (Kirk Douglas). Douglas le da mucha dignidad a un personaje que aunque fue un genio de la pintura en vida fue más bien un perdedor, además de un tipo considerado desequilibrado. En la película dicen de él los pobladores que es el loco del barrio, pero Minnelli muestra toda la complejidad de van Gogh. Se menciona que sus cartas estaban repletas de pasión, emoción y una sensibilidad muy grande, como también que van Gogh se dedicó a predicar la palabra de Dios en la zona más marginal, y vivía con los mineros más pobres de la misma manera, sin ninguna ventaja o privilegio.

El van Gogh de Minnelli es un genio atormentado, no se percibe que dude de su arte, sino que vive de epifanías y apasionamientos, los cuales lo conducen a una crisis y a un empeoramiento de su salud mental, que tiene como uno de sus puntos picos el famoso cerceno de su oreja, lo cual tiene de discutible y misterioso en la vida real. Aquí en la película se atribuye a la versión más típica, que fue producto de un arrebato del propio van Gogh.

El personaje de Paul Gauguin (Anthony Quinn, que ganó el Oscar) da momentos muy ricos de interacción, no es muy extensa su participación, pero provoca mucha intensidad, se le pinta de un tipo salvaje (lo admite y se vanagloria), solitario, frío, duro, rudo y hasta antisocial y mal padre (de todo esto demás no quiere hablar), lo cual hacen ver a van Gogh más normal de alguna forma. Deja duda de que pudo ocasionarle en una pelea la extirpación de su oreja, por como es el personaje de Gauguin en el filme que por lo que vemos del hecho en sí, que queda precisado en el propio acto loco, desesperado y crítico de van Gogh ante la lejanía del amigo y ser admirado. También la interacción con el temperamento de Gauguin provoca un diálogo analítico sobre la violencia en la existencia de van Gogh, que es un tema interesante, visto que el pintor holandés tendía también a enojarse, a gritar y a discutir. Mucha gente lo marginaba por ello, aunque se ve en gran parte que el van Gogh de Kirk Douglas no deja de tener una clásica empatía y simpatía propia de la mayoría de los protagonistas.

Minnelli aunque le otorga dignidad a van Gogh, y Kirk Douglas lo realza en mucho, tampoco evita mostrar el lado perdedor y derrotado que siempre acompañó a éste genio de la pintura, como cuando van Gogh pretende a su bella y joven prima viuda y ésta lo repudia. Finalmente van Gogh termina teniendo por pareja a una sencilla lavandera madre soltera. El filme muestra la obsesión de van Gogh por la pintura, en esto no caben dudas, van Gogh se esfuerza, vive cada motivo de su obra, se ve como surgen sus epifanías y entusiasmos, se entiende qué lo mueve, y se explica un poco su estilo y búsquedas. El filme propaga y enaltece el lado genio de van Gogh, haciendo un contraste que tiene de real, y que justifica la dignidad que presenta.

El trato con su hermano Theo (James Donald) no puede faltar, queda también muy delineado el amor y la paciencia que le tenía Theo, su ayuda y respeto. En esto Minnelli muestra todo puro e ideal, Theo es un gran hermano, y van Gogh lo ama y muestra agradecimiento. El filme exhibe una relación muy limpia y natural. Pero no se magnifica tampoco la ayuda. Van Gogh demuestra que puede manejarse, aunque su apasionamiento le cobra factura. En todo el filme hay una línea que habla de los tantos defectos del pintor holandés, pero no  se hace escarnio de ello, siempre hay respeto, sensibilidad, tino y humanidad. Minnelli no necesita del golpe bajo ni de la exageración, hay clímax sí, pero efectismos baratos no. Hay delicadeza, pero también franqueza en mostrar a van Gogh, en un tono clásico, inteligente y amable.

Días sin huella (The Lost Weekend)


El director de ésta película fue uno de los máximos genios del cine clásico americano, Billy Wilder, con obras maestras como Sunset Blvd. (1950), Ace in the Hole (1951) y Love in the Afternoon (1957); películas muy populares y queridas como The Seven Year Itch (1955), Some Like It Hot (1959) y The Apartment (1960). Tiene muchas comedias de gran nivel en su filmografía, donde fue un maestro del humor inteligente, elegante y afín a muchos. Pero también tiene películas dramáticas o más serias en su haber. La máxima de éstas películas es Días sin huella (1945), ganadora de 4 premios Oscar.

Días sin huella nos pone a Ray Milland –ganador del Oscar por ésta actuación- en la figura de un alcohólico, Don Birnam, que no puede controlarse y quiere beber todo el día, todo el tiempo piensa en esto. La película tiene un realismo y una dureza bárbara, no da pie a medias tintas, el alcohol se asemeja a un uso mortal y extremo propio de las peores drogas. Don es un tipo al que vemos vivir para emborracharse. Tiene una novia hermosa, bondadosa y refinada (Jane Wyman) y un hermano preocupado por él y caritativo (Phillip Terry), pero Don siempre trata de engañarlos y alejarse de ellos en el alcohol.

Desde el principio Wilder nos pone las cosas claras con Don, con una botella que cuelga de una cuerda en la ventana para que no se la quite el hermano. El tipo se siente un perdedor, sabe que sólo vive para beber, para engañar a su hermano y a su novia, y poder conseguir una botella. Alguna vez quiso ser escritor, pero su miedo lo venció, aún tiene la máquina de escribir, pero no tiene la perseverancia para sentarse a hacerlo. Su lucha con el alcohol también es por su autoestima, no confía en sí mismo. Es una película clásica, pero oscura y muy dura, aprieta al protagonista hasta las últimas consecuencias.

El filme tiene una escena magistral en que Don está en una ópera, mira La traviata, y cuando todos en escena beben, celebran, Don piensa en la botella que escondió en su gabardina. Entra en fijación y empieza a sufrir cada segundo por un trago cuando observa a todos beber. No sólo ahí se muestra de cuerpo entero, suplica y roba por licor. Se humilla hasta lo máximo.

El filme de Wilder no pretende ser una historia bonita, cándida, es ciertamente muy cautivante y entretenida, como la mayoría de las películas de éste gran director, pero es brutal en su figura, en mostrar la total degradación de éste hombre, que pone en segundo plano a sus seres queridos. Hasta el barman lo mira con desprecio, no puede creer que sea digno de su novia. Mención especial de una mujer de la vida enamorada de Don, interpretada por Doris Dowling.

Don es un tipo que se mueve en la cultura, pero se muestra como el tipo más vicioso, tiene la mente encerrada, pero éste sabe su situación, sabe que es un alcohólico de lo peor, que todo para él es beber. En ese lugar entra a tallar la nobleza, lealtad y sensibilidad humana. Es un filme visceral, cargado de emotividad, de sufrimiento y también del amor verdadero de los próximos. Es una poderosa y magistral historia que muestra el abismo de un hombre.

sábado, 3 de febrero de 2018

The Square

El director sueco Ruben Ostlund, ganador de la palma de oro 2017, nos habla desde la clase privilegiada, sobre la mirada de la civilización sobre lo vulgar, para ello lo hace sutilmente en algunos momentos y en otros mediante el humor negro. Esto incluye una mirada más obvia o superficial acerca del arte, hacia lo que pretende serlo y no lo es, como decir, en otro plano, lo que hay que adaptar, convivir o soportar en la sociedad nos diría la postura de la clase privilegiada que articula Ostlund con su protagonista, Christian (Claes Bang), un curador de arte moderno de un museo.

Christian pasa por pequeños contratiempos en donde estudiamos el punto de Ostlund. En un primer momento parece una mirada algo soberbia, que yace por encima de los otros, los desfavorecidos; para el caso, se trata con mendigos, algunos con aires de idiotas o de conchudos/frescos, que inclusive enojan al protagonista que no puede ignorarlos al final producto de un cargo de consciencia que le viene al poco tiempo de desdén hacia ellos. Es fácil de suponer porque ésta película no llegará a agradar a un sector, viendo que muchos cunden por lo social, y ésta es una mirada atípica a la postura de los privilegiados (más representada por la clase media), que por lo general no se dejan ver demasiado.

El filme tiene una puesta en escena digamos que austera, pero estética, es decir, recurre a pocos elementos y a los más cotidianos y simples. Es un filme que trata con el día a día. Aunque Christian tiene dinero se mueve como cualquier mortal por la ciudad. La propuesta empieza con un robo de carterista, tras lo que el protagonista cree es una hazaña suya, en ese sentido, él aprenderá, en el lado más naif y amable del filme, a ser una persona más humilde y compasiva con los pobres. Curioso que se use a niños como ejemplos.

El filme en la última parte girará hacia un lugar de bondad y buena onda. Todo lo anterior será como el lado malo, indolente y avispado, del protagonista y del poder, aunque se siente en mucho algo más que eso, también una pequeña crítica hacia abajo y el escape de luz de una idiosincrasia social (lo que falta para que el mundo sea un lugar perfecto comunitario, en primera instancia está claro, explotar en pedazos a los mendigos), de cierto fastidio que es difícil de aceptar, y que no nos dibuja tan nobles, y se hace tan arduo de defender, que no sea tomárselo a la ligera, como una especie de comedia en su mayoría.

Por otro lado donde más se han quedado muchos es en el aire de superioridad que pretende Ostlund frente a lo que es y no es arte, algo que no es tan descabellado, porque actualmente vemos también piezas de basura que son enaltecidas hacia lo más alto. A su vez se recurre a exponer el método que sería el que cree más efectivo el filme para convertir una pieza anónima en una popular y reverenciada mediante la publicidad. Este método sería la polémica, pero este quehacer es muy endeble, porque no tiene ningún tipo de sutileza, y se ve de lejos, que luego se rebate con facilidad. La publicidad y algunos métodos de engrandecimiento difusivo implican mayor sabiduría que este uso tan básico y didáctico.

El protagonista se desliga sin problemas de todo porque nunca lo vemos excederse ni mostrarse tal cual lo que le sobrevuela, su cariz es más bien pausado, bien educado y más “diplomático”, es un hombre de la civilización carismático y bien parecido, un hombre de pequeños gestos o de insignificancias, como ser tachado de mujeriego o de banalizar a las mujeres (Elisabeth Moss) que va por lo políticamente correcto.

En el otro lado está el peor espécimen, en ese hombre mono, que hace Terry Notary, –que también puede tener mayor lógica en representar a los criminales- en plena cena al que no queda más que golpearlo hasta matarlo, suprimirlo, tras un canto de brutalidad producto de lo rustico y demasiado primario, una justificación de lo peligroso que puede llegar a ser también lo vulgar, hasta para alienar o desmerecer a la civilización. Entiéndase igualmente el pauperizar el sentido del arte.

jueves, 1 de febrero de 2018

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Ésta es una película que tiene humor negro, pero también se deja ver seria. Tiene a tres actores en roles muy atractivos. Ebbing es un pueblito donde los policías tienen mucha libertad de acción. En éste lugar el director Martin McDonagh juega a ironizar un poco sobre el abuso policial, con las golpizas que a veces tienden a dar –en especial a los afroamericanos- y ese toque de intimidación que produce en su sociedad la policía americana.

Uno de los protagonistas es el jefe de policía Willoughby (Woody Harrelson), un policía que todo el mundo quiere, quien propaga el amor y la ayuda en su comunidad, pero que sufre de una enfermedad terminal. Otro es su segundo al mando, Dixon (Sam Rockwell), un muchacho violento y alcohólico que vive con su madre, pero que el filme lo matizará cambiando su eje con una pequeña misiva de su mentor. Lo curioso es que éste cambio no se sentirá abrupto, porque Rockwell siempre presentará un aura irónica en su brutalidad y un extraño carisma producto de mostrar a veces un lado un poco lento. El tercer principal es Mildred (Frances McDormand), una mujer que ha perdido una hija, y el crimen no lo han podido resolver y esto la mueve a una acción potente y fastidiosa para contra la policía.

El filme es sencillo y claro, pero lleno de interacción interesante. Ésta propuesta tiene mucho de violenta, bruta y de ruda, pero está recubierta con un tono que la hace mucho más amable. Hay mucha intimidación, la muerte y violación por necrofilia de una muchacha es un caso serio y fuerte, que trae momentos tristes y dolorosos, pero yace el filme manejado con tires y aflojes de sucesos que traen una cierta chispa y sorpresa amena que está más allá. No es un filme propio del mayor espectáculo hollywoodense, pero tiene un manejo privilegiado.

Mildred trata de hacer que la policía actúe, que investigue, que no sea ociosa, pero al atacar al jefe de policía todo Ebbing le guarda enfado y muchos son de armas a tomar, como típico pueblo sureño, de gente del interior americano. El espíritu de Willoughby es muy fuerte localmente, es un gran hombre y un policía ejemplar, pero Mildred quiere al culpable y sus carteles son su método para que lo atrapen. Un cambio de actitud es el ejercicio pleno de la mezcla dramática y cómica del filme, un maridaje perfecto, bajo un relajo que hace todo tan digerible, fácil, simpático y otorga un buen estilo al producto.

Tiene líneas de diálogos muy avispadas y audaces, la actitud de Mildred es oro puro también, con una Frances McDormand que encaja en toda proporción y sabe de humor negro y gente de carácter. Una línea ironiza, no botamos a los policías racistas porque nos quedaríamos sin policías, sólo con los más gays. Pero al poco rato vemos que aparece un policía de color y en el filme ningún policía se muestra racista, la brutalidad de uno no diferencia raza al final.

El filme nunca es demasiado políticamente incorrecto, lo es sí, pero en una dosis controlada y digamos que llevadera, no pretende ser muy agresivo, polémico o mordaz, sólo algo picante. Ante todo es hacer un entretenimiento inteligente y de manera transparente, suelta, despreocupada. Se trata de un cine comercial valioso.

sábado, 27 de enero de 2018

Braguino

En la taiga siberiana viven unos cazadores y sus extensas familias, están llenos de hijos, viven bajo sus propias reglas, aislados en su propio mundo. Para llegar hasta allá se necesita usar helicópteros, los mismos con los que aparecen militares y su presencia molesta a estos pobladores que se sienten invadidos en lo que llaman sus terrenos, sólo en éste caso se unen para planear que hacer con éstas presencia intimidantes, llegan estos fuertemente armados. Pero poco o nada pueden hacer frente al poder del gobierno que los ignora. El resto del tiempo, en especial los Braguines, la familia con la que más se identifica el director francés Clément Cogitore y vemos más en pantalla, hablan mal entre sí,  compiten entre ellos y marcan distancias, inclusive hablan de llegar a haber violencia entre los distintos habitantes.

La más impresionante escena de éste pequeño pero poderoso documental de tan sólo 49 minutos de duración es cuando ante la cámara de pronto haciendo su danza amenazante aparece un gran oso. El padre de la familia protagonista, un hombre de larga barba y algunos dientes faltantes, que está junto a su hijo, un muchacho, le pregunta al cámara a unos metros del fiero animal si teme a los osos, la ironía es clara, cualquiera, desde luego, pero estos valientes cazadores no. Carga su arma, apunta y da un primer disparo, acierta, el oso aún se mueve, viene un segundo disparo, lo mata, no ha pasado nada, todo tranquilo y en control.

Es una vida simple, de campo, pero emocionante para los que vemos desde afuera, para ellos “rutinaria” (salvando los rumores de conflictos internos; y los que les parecen invasores; la sombra de la violencia y la muerte), algo cotidiano y repetitivo, como los tantos niños jugando en la orilla de los ríos, observando como atraviesan el agua y vienen sus vecinos a visitarlos. En los pequeños están las miradas y los silencios expectantes, inocentes, de sorpresa. El padre protagonista, el héroe común de ésta película, sale en lancha a motor a cazar aves. Pone el ojo, apunta, dispara, sólo necesita un disparo, cae muerta al agua un ave. Vuelve a apuntar, suena un segundo disparo, cae otra ave muerta al río, tiene una puntería asombrosa.

Los niños pelan patos, les quitan las plumas, jugando. Una niña usa unas pantuflas únicas, de piel real de oso. No cometamos el error de subestimar a estos pobladores, son sencillos, pero inteligentes, como ver al hijo mayor de los Braguines manejar radios que ellos reparan, adaptan y reconstruyen. Braguino (2017) es un documental de lo común de sus vidas, no fuerza nada, en conjunto muestra elecciones interesantes y significativas de ésta vida rural, aunque a veces oíamos conversaciones poco trascendentes y repetitivas. Para ser un documental de cine arte minoritario tiene el tiempo preciso y muy buen ritmo. 

Good Luck

Así inician su trabajo unos mineros, deseándose un llano pero trascendental buena suerte. La primera parte nos muestra a los empleados estatales de una mina subterránea de cobre de 400 metros de profundidad, en Serbia. Una pequeña banda sin identificación abre el filme. Un hombre toca el acordeón dentro de la mina. Los rostros de los mineros son filmados en blanco y negro, la cámara fija los mira atentos, ellos tratan de no sonreír, a veces lo hacen, mayormente se mantienen serios, no saben qué hacer, es la toma de su humanidad, de su importancia, cuando ellos se ven humildes.

Los entrevistan sentados en grupo en el interior de la oscura mina, ellos minimizan la situación con su ausencia absoluta de solemnidad, no pretenden ser un drama social, ya basta con la realidad de alrededor que atrapa la cámara, ellos únicamente quieren un mejor pago, un pago justo, y darles un buen futuro a sus familias, lo dicen tranquilos, entre muchas bromas.

El director americano Ben Russell trata de hacerlos hablar, la mayoría no es muy despabilada, escapan de las preguntas serias y emocionales con chascarrillos, tomándose el pelo entre ellos, son de pocas palabras, son tipos fuertes y muy sencillos, aquí no hay figuritas de álbum, hay seres humanos. Sorprende ver su alegría, educación y buena onda, su trabajo es difícil y muy arriesgado, pueden perder la vida en cualquier momento, sólo basta un poco de mala suerte. Sin embargo, son los más firmes.

La segunda parte del documental muestra a los trabajadores de una operación ilegal minera de oro en los trópicos de la selva de Surinam, América del sur. Son gente de color, muchos muy jóvenes. La cámara sigue sus recorridos largos en tiempo real. El filme es lento. Dura 143 minutos. A ambos grupos los vemos haciendo cosas mínimas, repetitivas, rutinarias, que les exigen resistencia y paciencia. Una canción cierra la última parte, remite a la vida de éstos mineros, sobre lo que hacen, sobre su búsqueda de oro, su tipo de vida y el pago que tienen, sobre su trabajo en equipo y su dura lucha de sobrevivencia. Es una canción secretamente melancólica (debajo de un buen ritmo), como quizá sea la vida de estos templados mineros.

jueves, 25 de enero de 2018

Una Mujer Fantástica

Marina Vidal (Daniela Vega) es un transexual que cantando en un lugar enamora a un hombre de cierto estatus social y ya mayor, Orlando (Francisco Reyes). Todo entre ellos es puro amor, muy normal, muy tranquilo, conviven, hasta que Orlando de repente sufre un aneurisma cerebral y muere. De ahí en adelante viene el vía crucis de Marina, cuando quiere acompañar la misa y el entierro de Orlando, y los familiares de él no pueden soportarlo.

Una Mujer Fantástica (2017), del chileno Sebastián Lelio, es una película de homofobia y lucha por la aceptación de la opción sexual, podríamos decir que es una película más del tema, pero la sensibilidad que otorga Daniela Vega en el retrato de los guionistas -Sebastián Lelio y Gonzalo Maza- es sublime. Hay indudablemente un toque efectista y manido en el asunto, pero también elementos que hacen de Marina una mujer transexual interesante y empática. Ella tiene un lado común, es mesera, pero también ama la lírica y tiene una bella voz. Esta música refinada le da cierta dimensión al personaje.

El filme se mueve entre lo llano pero tiene de inteligente. Oscila entre la redundancia de la temática y un toque de originalidad que otorga su sensibilidad. Todo esto es propio de Daniela Vega, que salvo algunos momentos, le da mucha figura a su personaje, como sí éste fuera casi ella misma, un ser muy de carne y hueso. Hay momentos que me son placeres culpables, como aquel obvio viento metafórico de su situación y ponerse a cantar como quien decide liberarse del peso del rechazo por uno mismo, porque Marina en un momento acepta cada insulto y humillación, lo cree normal, pero más tarde se da cuenta que no es así, que nada justifica esa mirada homofóbica, y que más que una freak, es una mujer fantástica.

Gloria (2013), el salto a la popularidad de Sebastián Lelio, tiene mucho parecido con Una Mujer Fantástica, tiene 2 grandes actrices que representan mucho para cada filme. Una algo experimentada Paulina García a la que le llega la fama tarde, internacional; y una novel Daniela Vega que le viene natural la actuación o, quizá mejor dicho aunque suene poético, el personaje es lo que lleva en el alma. Y eso es lo que trasmite en cada escena, superando algunos momentos nada sutiles y nada iluminados como cuando es atacada por los parientes.  

Lo que está muy bien, que aporta bastante, es ese toque a realismo mágico y a misterio fantasmal que tiene la propuesta, ese aire de la muerte cada cierto rato, como algo positivo en la superación y trascendencia de la protagonista con quien es, el espíritu que la ama, la reconoce tal cual y la guía hacia la conjunción del adiós que está fuertemente emparentado con su opción sexual. La muerte termina siendo algo paradójicamente constructivo, cuando en (lógica) primera instancia suena tan destructiva y aparentemente deja desamparada a Marina. Puede no ser el mensaje que más nos guste, que nos suena también superficial, la muerte nunca será algo fácil de aceptar ni de admirar ni buscar, pero es un mensaje y uso no tantas veces frecuentado, o no tan bien justificado, y no se puede negar el alcance que otorga al producto.

Todo llega por medio de un cine amable, que a veces le cobra altura, pero le suple su sensibilidad, creer el sufrimiento de Marina, sentir que tuvo algo único y que esto la salvará de tener un mundo horrible.